Los otros hijos pródigos
La parábola del hijo pródigo no deja de crear privilegios terrenales en personas que realmente no lo merecen y principalmente porque los hijos e hijas pródigos suelen, en la edad dorada de sus padres, convertírselas en una pesadilla, cuando regresan a enderezar sus pasos y lo único que hacen es restarle calidad de vida a sus reumáticos gestores.
Traigo esto a colación porque veo cómo se confunde la misericordia del Padre con el dejar hacer de nosotros los humanos, esta flácida conducta es conocida en sicología, economía y en educación como leseferismo y por ello tengo la percepción de que nuestra Iglesia católica apostólica se ha dejado llevar como una hoja de olivo sobre la espuma de un caudaloso río hacia una mar de incertidumbre; por el exceso de indulgencias y de maternalismo sobre gran parte de una juventud sin control; por el exceso de ritualismo, de cesarismo, al pedir certeza de castigo cuando ni siquiera hay certeza de justicia. Todos estas cosas pasan cuando nos ponemos por delante de Cristo sabiendo que no es el hombre el que cambia al hombre, sino las enseñanzas de Jesús. Recordemos a Juan Jacobo Rousseau en su libro "El Contrato Social", en el que decía que "el hombre es el lobo del hombre", y no necesariamente tiene que ser lobo, también puede ser loba, ¡porque miren!, con este festival de las niñas madres y de las adolescentes en unión libre, el futuro de muchos padres y de muchos abuelos será heredar el pretérito de sus hijas porque cuando ellas despierten querrán ir a la universidad, trabajar y para ello necesitan que sus progenitores les críen a sus hijos.
Sé que a muchas personas les molestan los temas que versan sobre la moral cristiana, pero es que no podemos construir un mundo mejor fuera de estos parámetros. Los que caminan dándole la espalda a esta escatología son y serán siempre los eternos huéspedes del purgatorio y del infierno, ¡ Allá ellos! No lo digo yo, lo dice la Biblia.
Aparte de las niñas madres, muchas adolescentes salen de sus hogares jaladas por fuerzas terrenales y al cabo de un tiempo regresan con hijos, con mascotas y cargando también con la pareja dizque para ahorrar dinero mientras les entregan la casa. Los padres y abuelos leseferistas sobreviven a condición de que el convidado de piedra se quede con todo al final del cuento; los que no son consentidores, igual, pierden la paz, su tranquilidad, la casa y hasta el modo de andar cuando no terminan en un hospital con los nervios destrozados.
Estas observaciones no tienen nada que ver con las buenas relaciones que casi siempre existen entre los nietos y los abuelos, sino con la profunda inmadurez que sobre el concepto de la dulce vida y la responsabilidad familiar tienen algunos padres e hijos, pero la manipulación de la sabia adolescencia es tan grande que convencen a sus padres de que sean mejor sus amigos, o sea, sus alcahuetes y aduladores, para después caer vencidos al pie de la dura realidad que más tarde se los devuelve como polluelos para que se cobijen bajo sus tibias alas. La historia no cambia, con el pasar del tiempo sacan las uñas y comienzan a marcar territorio como lo hace un can en la parcela de sus amos. Me han contado algunos conocidos que antes fueron tribunos de arengas libertarias allá en Santa Ana y otras veces en la trinchera de la catedral, que hoy viejos se sienten arrinconados y hasta avergonzados porque para moverse tienen que pedir permiso porque todos los espacios están ocupados por los invasores y más cuando tienen que ir al baño a hacer pis.
Decía el maestro Fermín Naudeau que los hijos no son de nosotros, que vienen al mundo a través de uno hacia la vida, es entonces nuestra obligación prepararlos para ese gran enfrentamiento. Los hijos son como los talentos de la parábola, que Dios nos los da para administrárselos, si Ud. se los entrega de cualquier manera, de seguro estará en graves problemas. De ellos dice el evangelista Mateo, en el 25,30, solo cosecharán lamentaciones. Pero los que entregan a sus hijos llenos de los frutos del Espíritu Santo recibirán bendiciones y sus hijos tendrán la potestad de ser llamados hijos de Dios.
Periodista y escritor