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Los paros interminables


Británico Quesada (britanico.quesada@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Desde antes de la era democrática en Panamá, los gremios docentes se convirtieron en una fuerza, quizás en muchas ocasiones con posiciones equivocadas y otras acertadas.

Y desde Ada de Gordón hasta la actual Lucy Molinar, los ministros de Educación han tenido que enfrentar dirigencias intransigentes, paros, piquetes, insultos y exigencias.

Sin embargo, hasta la fecha ninguna de esas banderas de lucha ha sido por mejorar la calidad del alumno, actualizar los planes de estudio y enfocar el proceso enseñanza-aprendizaje hacia una política de Estado.

Por el contrario, todo es incremento salarial, sobresueldos, reducir el costo de la canasta básica familiar, el alto costo de la vida y otros temas ajenos a su faena en las clases.

Paro porque se cambió el sistema de nombramientos; paro porque no existe celador en un colegio; paro porque a un “líder” gremial lo despidieron por irse a un seminario internacional sin autorización de su superior.

La dirigencia está desfasada e impulsada por la politiquería, sin ánimos de luchar por conquistas que mejoren el sistema educativo.

El desarrollo de una nación se mide por la calidad en los salones de clases. No obstante, a la dirigencia docente poco le importa esto, sino su gula política.

Es necesario hacer cambios a lo interno de esos grupos “de lucha”, para darle paso a una nueva generación que se preocupe por un mejor futuro en la calidad de la enseñanza.

Por esa razón muchos padres de familia hacen un esfuerzo y matriculan a sus hijos en colegios particulares. Precisamente para no perder clases y porque los planes de estudio son mejores que los de los centros educativos estatales.

Lo más chistoso es que son los mismos docentes los que imparten clases en los planteles particulares y en los oficiales.

En las escuelas particulares no se registran el relajo y desorden, como en las oficiales, porque hay que producir.