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Los pensionados y el fondo


Ninguna sociedad civilizada y solidaria puede resistir con indiferencia las protestas públicas de los que demandan una pensión de vejez suficiente para cubrir sus necesidades básicas. Ancianos reclamando en las calles lo que por justicia merecen, se constituyen en víctimas de un sistema que demuestra su despreocupación por el destino de los que han dado sus mejores años para alcanzar el progreso del que hoy disfrutamos. Es imperdonable que los expertos que trabajaron en los ajustes al Fondo de Invalidez, Vejez y Muerte, provocando la revisión de cuotas y de edades de jubilación para darle estabilidad financiera al programa, no hayan considerado los necesarios aumentos periódicos a las pensiones para que los pensionados no pierdan poder adquisitivo como efecto de la inflación. Lo correcto hubiera sido calcular una pensión indexada al aumento del costo de la vida, de manera que la sociedad no estuviera sometida cada año a una lucha en las calles por defender los derechos de los jubilados. De esa manera tampoco se harían aumentos demagógicos movidos por ganar espacios políticos y no por afán de hacer justicia. Antes de aprobar un aumento más, debemos establecer una política de incrementos que nos proyecte el comportamiento del Fondo para garantizar la sostenibilidad del programa.