Los perros de Licurgo: importancia de la educación
Se dice que el sabio espartano Licurgo pidió a su pueblo el plazo de un año para demostrarle la importancia de la educación.
Transcurrido el plazo, se presentó en la plaza pública, acompañado de dos perros y dos liebres.
Ante los ojos asombrados de los concurrentes, y sin pronunciar una sola palabra, soltó una liebre y luego quitó la cadena a uno de los perros, que se abalanzó rápidamente tras la liebre que se refugiaba entre la muchedumbre.
Alcanzada su presa, le dio muerte y la devoró públicamente y sin inhibiciones. Luego, en silencio todavía, soltó la otra liebre y al otro perro que permanecía encadenado. Este último también se abalanzó sobre la liebre, pero no para devorarla impunemente, sino para jugar amenamente con ella en una confraternidad que para muchos resultó inusitada.
Luego les dijo: “He allí la importancia de la educación”.
Un hombre sin educación puede caer como presa fácil de las pasiones más bajas, se dejará llevar como un bulto por la vida, será menos productivo, no cumplirá plenamente su cometido en sociedad, se encerrará en un mundo de escasos horizontes en los que el egoísmo de su propia persona pesará más que los intereses de la comunidad o de la nación en que vive.
Por ello, la educación debe cobrar la máxima prioridad en nuestro país.
Sectores educados de la población tomarán mejores decisiones al momento de emitir su voto; buscarán los mecanismos para la protesta cívica, pacífica y sin violencia; dejarán de ver la migración hacia las áreas urbanas como la única alternativa de sustento, al saber cómo y cuánto puede producir su propia tierra, por escasa que sea; sabrán buscar opciones para mejorar su salud y su calidad de vida, haciendo un esfuerzo personal para así lograrlo.
Hoy, en medio de un histórico y ejemplar diálogo entre los sectores indígenas y miembros del sector transporte, nos damos cuenta de que no es el Gobierno el que puede al final hacer una llamado a la conciencia nacional de nuestra población, sino que es una obligación de cada sector y de cada individuo pensante y educado velar por los máximos intereses de la nación, deponiendo intereses personales para lograr la sana convivencia de todo el país.
Ese diálogo espontáneo entre los hijos de esta nación, sin la mediación de nadie, ha sido fruto nada más y nada menos que de la educación, que en un momento dado gobernó los impulsos y dirigió las conciencias de esos hombres llamados a dialogar por el bien del país.
Abogado.
