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Los próximos candidatos a la presidencia

Por: Redacción 29/02/2016

Es un hecho cierto: el ciudadano común y corriente, claro está, no aspira a ser elegido. Se contentaría con ser elector feliz, que encuentra un candidato de su gusto. Pasados casi dos años, o sea la mitad del periodo de la actual administración de Gobierno, ya comienzan a activarse los interesados en una posible candidatura a la presidencia de la República.

Traemos al debate esta temática debido a las actividades proselitistas y de reorganización que se adelantan en los partidos, sobre todo de oposición, con miras a la conformación de fuerzas para la realización de elecciones primarias internas en busca de la candidatura presidencial de cada agrupación política.

Los sondeos de opinión pública informan sobre una situación que parece importar mucho a los políticos. Según tales sondeos, ya figuran algunos nombres con sus respectivos porcentajes de aprobación.

¡No obstante, la actividad política se analiza y debe analizarse con objetividad día a día! Las cifras preliminares que informan los primeros sondeos, solo son un indicativo de lo que ocurre en el momento, de las percepciones que ocasionan la propaganda publicitaria cotidiana de los que lideran los diferentes colectivos políticos. Empero, más de la mitad de la ciudadanía panameña siente desconfianza de los partidos políticos. ¿Es acaso una actitud errada al no valorar a las organizaciones que se supone la representa? ¿Está equivocada la mayoría de la sociedad panameña? ¿O es que vivimos en un mundo y en una época en las que el hombre y la mujer necesitan ser engañados de cualquier modo?

Sin embargo, pareciera que la ciudadanía ya ha aprendido que el engaño mentiroso no convence, sino a los necios. De ahí que la propaganda a base de la verdad sea, no solamente la más noble y virtuosa, sino la más eficaz: porque convence al hombre y a la mujer inteligentes sin despojarlos de la consoladora ficción de su propio engañoso concepto de la vida.

A propósito, es bueno recordar que la historia siempre ha abarcado la luz y la oscuridad, la posibilidad y la necesidad, la razón y el error. Las posibilidades siempre tuvieron que vigilarse, los errores siempre tuvieron que rectificarse. En la búsqueda de buenos candidatos a la presidencia de la República, solamente la ciudadanía dispone de los medios para encontrarlos. El proceso queda abierto, pero es conveniente que el pueblo seleccione y escoja finalmente en la próxima contienda electoral de 2019, no al amo, no al demagogo mentiroso, diestro en pregonar falsas promesas, sino a un ciudadano con verdadera vocación de sacrificio, o sea al primer servidor de la nación panameña.

Un hombre que, entre otras cualidades y virtudes, tenga las manos limpias, sea imponente por severidad varonil de su carácter, por el culto a la sinceridad, por su educación y cultura, por tener excelentes relaciones con Gobiernos y pueblos amigos, por saber comportarse con cordura y exento de pasiones, que aborrezca y combata la corrupción; en fin, un hombre que conozca la ciencia del Gobierno y que tenga la conciencia de las graves responsabilidades del mando.

Las instituciones de nuestra democracia adolecen de severos déficit de legitimidad. El modelo económico no genera seguridad ni distribuye sus beneficios a todos por igual y, por eso, está instalada una sospecha que puede amenazar los cimientos sociales.

Ya es tiempo de ir pensando en un nuevo realismo político, que asuma los datos de esta realidad, que sintonice con las realidades de la sociedad, que interprete y escuche los anhelos y temores de una ciudadanía que no logra comprender la brecha que la separa de quienes gobiernan.

Comprendemos y así lo hemos dicho muchas veces, que no es fácil gobernar; pero es necesario, obligante, que quien gobierne mantenga firme el timón y no se deje amedrentar por las tácticas de los adversarios ni por los halagos de sus "allegados" y serviles oportunistas. Que gobierne con la verdad ante todo: dulce o amarga, humillante o gloriosa; porque la verdad, como alguien dijo, "no puede dañar", y la mentira, agregamos nosotros, es humo que deja de proyectar su sombra al disolverse en el espacio.

Pedagogo, diplomático y escritor

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