default

Los pueblos gobiernan

Por: Redacción 11/12/2015

Nadie quiere aprender la lección. Todos los que ejercen el poder pasan por lo mismo. Fuera del poder, mucho es lo que se dice, mucho se critica y cuando se está en el poder, nadie quiere soltarlo. El fracaso de Cristina Kirchner en Argentina -lo que se ha dado en llamar la era del kirchnerismo- y la andanada de guantes que el pueblo le ha dado al llamado Maduro o al chavismo en Venezuela ponen de manifiesto que la izquierda latinoamericana o el socialismo al modo quijotesco han fracasado.

"Arroz, poroto y carne, el pueblo tiene hambre", consigna que en Panamá, cuando se dan las protestas estudiantiles u obreras, suele ser entonada con muchos bríos y entusiasmo, también nos pone en evidencia que esta es una realidad común a todos los pueblos de nuestra América indigenista.

Las ideologías, en consecuencia, no pueden amoldar las conciencias de nuestras gentes. No pueden, mucho menos, quienes ejercen el poder político hacer de nuestros pueblos, como quien tiene masillas en sus manos, figuritas o muñecos al antojo.

Los pueblos se rebelan. Los pueblos saben también decir "no". Un no que compulsa el rechazo máxime si se sufre y se padece. Las carencias, un ambiente hostil al sistema de las libertades y de los derechos humanos, las persecuciones políticas y de otra naturaleza, las opresiones a los medios de comunicación social, los cierres ilegales e injustos de empresas, las expropiaciones, terminan dando cuenta de que quienes ejercen gobierno, quienes tienen el poder político también tienen que hacer lecturas serias de que el discurso de los derechos humanos, del garantismo penal, procesal, constitucional, laboral, etc., no es cuestión de relajo.

Tienen, los gobiernos, que convencerse de que con el sistema de las libertades ciudadanas no se puede jugar, ni siquiera pretender pensarlo. Que, al decir de Martí, es mejor morir con dignidad que vivir sin ella.

Hacen falta en nuestros países, en nuestro suelo, como ya lo escribí en cierta ocasión, más Porras, más Bello, más hombres que como Justo Arosemena, quien en sus "Principios de Moral Política" demostró cátedra de ética y moral política para las futuras generaciones. Obra poco conocida, pero de talante moral sin límites, maravillosa.

Hay que reiniciar un proceso de reconstrucción moral para la patria grande de América Latina. Antes se decía que "sin justicia, la patria se vicia". Cierto. Y añadiendo a ello, con la corrupción, "la patria se destruye, se desmorona", como al parecer está aconteciendo en los actuales tiempos.

Estamos a tiempo de reflexionar, de hacer un alto especial y meditar. No juguemos con nuestros hijos, tampoco con nosotros mismos, y hagamos bien las cosas para dignificar a la nación y a la patria. Ojalá, la América de Bolívar sea una tierra en la que, en los próximos años y décadas se respire libertad sin miedos, elevando el respeto a la persona, a su inteligencia, y sin que un puñado de hombres nos vean como orangutanes o cromañones a quienes pueden ofender y denigrar sin que nada nos perturbe o afecte.

Los populismos, sin duda alguna, encierran la vulgaridad de las mal llamadas democracias; los gobiernos que, ahora, se llaman revolucionarios no son más que versiones modernas de carceleros entongados y de criminales de las libertades humanas y que se llaman gobernantes.

Abogado

Edición Impresa

Lunes 27 de julio de 2026