Los que no necesitan la memoria
Entre las múltiples consecuencias de la globalización están el incremento de los medios de comunicación, el acceso a la tecnología, difusión de la información, imposición de un modelo cultural, pérdida de la identidad, desprecio por las Ciencias Sociales o Humanidades.
En el caso de la Historia como disciplina que estudia, según Marc Bloch, al hombre en el tiempo, al realizar el acto de hacer el hecho ausente presente, se convierte en un peligro para el neoliberalismo. Las políticas neoliberales se convierten en los asesinos de la memoria histórica e imponen el modelo económico, social, cultural y educativo.
El sistema creó una jerarquía de conocimiento que agrupa en el primer lugar todas las disciplinas científicas y de negocios y en el segundo, las ciencias sociales. Esta jerarquía es la que valora la inteligencia y se considera inteligente y se le profetiza un futuro de éxito al que estudia ingeniería, pero se juzga como tonto y se humilla al que prefiere estudiar sociología o filosofía.
La globalización crea borregos (parecidos a los de Rebelión en la Granja de Orwell) sin capacidad de razonar y que poseen una cultura limitada.
En Panamá estamos viviendo ese proceso de globalización partícipe del neoliberalismo, en el que apoyamos más al sector económico y científico y no al de las Ciencias Sociales. La educación tiene que adecuarse a la estructura de la ideología dominante, la tecnología y la ciencia ocupan la mayor parte de los planes de estudio. Por esa misma razón, las horas de las asignaturas de las Ciencias Sociales se han disminuido hasta casi eliminarse. El sistema está hecho para atacar la memoria histórica y a la identidad.
Adoptamos fiestas y actividades sin sentido como el Black Friday, que responden al consumismo desmesurado. La literatura gira en torno a los libros más vendidos por moda más que por contenido: es preferible leer a Coelho y a Osho que a Platón, Sinán, Rousseau, o Verne. Es mejor ver las novelas de narco, visitar la última exposición sobre dinosaurios en el Marta y seguir sorprendiéndonos cuando el panameño no está seguro de si la respuesta a la pregunta es la Separación de Panamá de Colombia o el 9 de enero de 1964 a demandar programas educativos y reclamar exhibiciones de piezas arqueológicas.
Al final del día, como borregos nos sentimos afortunados por ser el segundo país más rico de Latinoamérica, el más feliz y con eso nos basta. ¿Memoria histórica? ¿Razonar? No, así nos dominan fácilmente.