Los ríos se rebelan en Chiriquí
Sin lugar a dudas un paraíso natural. Un balneario impresionante con aguas cristalinas y pequeñas lagunas donde jugaban hasta los niños.
Si pretende hacer eso hoy en día debe tener siempre presente que su vida corre peligro. Ese tranquilo río donde las personas acampaban y disfrutaban sus domingos ahora se ha convertido en una hidroeléctrica con acceso restringido.
No hay árboles, sino una inmesa represa que intenta contener las aguas que bajan desde las montañas.
A nadie se le ocurre bañarse en ese lugar, es realmente peligroso.
La escena es muy parecida en el río Chiriquí Viejo donde se han otorgado más de 20 concesiones para desarrollar proyectos hidroeléctricos.
Solo imagine la furia de esos ríos cuando caen fuertes aguaceros como el pasado lunes.
Cierre los ojos por un segundo y piense en la fuerza que desencadenan desde que inician su travesía en la cordillera y atraviesan la provincia. A su paso por distintos sectores solo encontrarán represas que aumentan su peligrosidad.
El desarrollo de nuevos proyectos que generen beneficios para el país no pueden se cuestionados, sin embargo si deben ser sostenibles y amigables con el medio ambiente.
Los argumentos pueden sobrar en un estado de emergencia como el decretado en el Valle de la Luna. Lo cierto es que la naturaleza es impredecible y cuando quiere cobrar su espacio, simplemente lo hace.
Chiriquí es una provincia privilegiada con recursos hídricos abundantes. Cada inundación que se registra pone en juego la vida de personas inocentes y causa un efecto negativo sobre la economía.
El cambio climático sigue poniendo en jaque a los gobiernos. Todavía están a tiempo de preservar lo que queda.
