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Los símbolos


Querido Director,

¿Se acuerda Usted de la efigie del Che Guevara impresa durante 50 años en cientos de millones de T-shirts, portadas de libros, carátulas de discos, cuadros y cualquier otro masivo de distribución mundial? ¿Se acuerda del Libro Rojo de Mao Tse Tung y su reproducción en todo tipo de prendas, gorras y vestidos, también en los últimos cincuenta años y, fundamentalmente en el mundo occidental? Nadie nunca explicó que Ernesto Che Guevara fue un asesino y además ladrón de decenas de miles de propiedades cubanas que cuando decía entregarlas al Estado, en realidad se entregaban a los dirigentes de la Revolución Cubana que se hicieron inmensamente ricos, eso sí, en nombre del pueblo. Mao Tse Tung después de ganarle la Guerra Civil a Chiang Kai-Shek asesinó, según los cálculos de los organismos internacionales más ecuánimes a 70 millones de chinos y “reeducó” a otros 100 millones, entre ellos al último emperador de china tan bellamente cantado y contado en la película de Bernardo Bertolucci. Además de estos asesinos y genocidas, por supuesto de izquierdas, tenemos muchos más ejemplos de personas, grupos y movimientos que buscando sólo su lucro personal y despreciando cualquier interés y beneficio comunitario, circulan por el mundo emitiendo símbolos para que sean gráficamente impresos y equivocadamente los lleven nuestros hijos o nuestros nietos creyendo que además de estar a la moda, contribuyen a una causa justa.

Hace unos meses le predije modestamente que Haití se convertiría en un negocio internacional. Hoy el sacerdote más viajero y solidario de España, que se llama el Padre Ángel y que lleva desde el primer día de la catástrofe en Puerto Príncipe, cuenta a los cuatro vientos que sólo la ayuda de Cáritas, las ONGs católicas y algunos gobiernos responsables, ha llegado a Haití. Nada se sabe de las cuentas y fundaciones del matrimonio Clinton, del Movimiento solidario de Al Gore, de los microcréditos de la Reina Sofía de España y así de otros movimientos profesionales que se dedican a recaudar y defraudar los fondos de la buena gente.

He ido muchas veces a Cuba y un día me enteré que los derechos de autor e imagen del Che Guevara, no es que sean propiedad del Estado cubano, sino que directamente revierten en una compañía mercantil que con sede en un paraíso fiscal, tiene como beneficiarios a los hermanos Castro. Imagínese lo que sería que una persona normal, estudiante de universidad, empleado de banca, funcionario del Estado o conductor de autobús, llevase una T-shirt con la efigie de Hitler o Mussolini. Sería inmediatamente increpado, agredido y detenido. Independientemente de que el portador fuera consciente de lo que significara la efigie que mostraba, todo el peso de la reprobación social y de las instituciones judiciales caería sobre él. Hoy en España el exhibir una imagen de Franco o de José Antonio Primo de Rivera o de cualquier héroe de la Guerra Civil, por parte Nacional, está incluso penado por la Ley y sin embargo, asesinos convictos y confesos, unos muertos y otros no, siempre y cuando sean militantes de la Izquierda revolucionaria, son oficialmente encumbrados y compensados con pensiones vitalicias.

¿No será mejor, Director, contarle la verdad a nuestros hijos y decirles que deben exhibir en su vestuario informal las grandes obras del románico y gótico europeo, los cien mejores cuadros del Cuattrocento y Cinquecento italiano, las imponentes obras del precolombino o las más modestas y siempre importantes aportaciones de la España colonial en arquitectura, universidades, derechos sociales y humanos y leyes de comercio?

Quiero confesarle que entre toda esta teoría y recibir varios millones de dólares mensuales por derechos de autor y reproducción de la efigie del Che, a sabiendas de que su historia y su biografía han sido adulteradas para convertirse en una gran mentira, me pone usted en un gran brete y no sabría qué elegir…

Atentamente,