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Los sindicatos estatales


Las organizaciones de trabajadores estatales panameños datan de los años 40 del siglo XX; primero fueron los maestros; luego los médicos y finalmente los administrativos. Salvo los sindicatos de empresas estatales, estas organizaciones han actuado de hecho como organizaciones de carácter sindical.

En 1966 Panamá ratificó el Convenio 87 de OIT, sobre Libertad Sindical que no distingue entre sector público y privado sin embargo, los gobernantes se han esforzado en no reconocer el carácter sindical de estos gremios de manera formal.

El artículo 68 de la Constitución Política reconoce el derecho de sindicación a empleadores, asalariados y profesionales de todas clases; y el artículo 335 del Código de Trabajo estatuye que los sindicatos se constituyen por trabajadores, empleados, empleadores, obreros o profesionales de cualquier clase, lo que constituye fundamento jurídico para reconocer formalmente lo que en la práctica existe: los sindicatos del sector público.

NORMA

EL ARTÍCULO 68 DE LA CONSTITUCIÓN RECONOCE EL DERECHO DE SINDICACIÓN.

La ministra de Trabajo suspendió desde julio de 2009 el subsidio del 5% educativo a la FENASEP arguyendo que no es una organización sindical, aunque el gobierno le entrega parte de ese impuesto a otras organizaciones como las de los gremios del sector docente, y le indicó al Comité de Libertad Sindical de OIT que FENASEP se regía por la ley de Carrera Administrativa (amplio error de apreciación); y que para reconocer los sindicatos en el sector público habría que reformar la Constitución Nacional, olvidando el texto del artículo 68 constitucional expresado.

Recientemente, el Comité de Libertad Sindical de OIT ha concluido que los argumentos del gobierno panameño no se justifican y “pide al Gobierno que inicie un diálogo constructivo con la FENASEP”.

Si los trabajadores públicos quieren o no la existencia de sindicatos, debe ser una decisión de ellos y no una imposición de las autoridades.

Hasta la fecha, no se ha producido ninguna invitación para iniciar ese diálogo, aunque en los escenarios internacionales y en los medios de comunicación, se pronuncie un discurso distinto.