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Los sinsabores en Flor del Desierto

Por: Redacción 10/09/2013

Elodia Muñoz (opinion@epasa.com) / Comunicadora Social.

Hemos creído oportuno este artículo, y reconocer el compromiso moral que el planeta le adeuda al pueblo africano, determinado por la indiferencia y supina preocupación que como latinos demostramos frente a la ablación femenina, la que puede deberse, y me incluyo, al pensar que es una costumbre ancestral que sucede en latitudes muy distantes del continente.

Hoy comparto con mis lectores el sinsabor que me dejó el filme “Flor del Desierto”, producido por Sherry Hormann, así como el libro “Vírgenes del Paraíso”, de la norteamericana Bárbara Wood. Ambos contenidos giran en torno a factores religiosos, convencionalismo y tabúes, manipulando esencialmente a las mujeres, engendrándoles miedo y temor.

Cabe aclarar que no es Dios el que propicia estas aberraciones, mas obedece a los intereses de los representantes o líderes espirituales de los diversos credos que pueblan la tierra y como muy bien expresa Waries Dirie, nacida en el seno de una familia nómada musulmana somalí, protagonista de esta película, la que no se suma a esta atrocidad será expulsada de la aldea, ya sabemos lo que le depara a toda mujer sola y rechazada por su propia familia y abandonada a su suerte en pleno desierto africano.

Waries decidió huir, ya que la ofrecían en matrimonio a su tío, cuarenta años mayor que ella. En estos pueblos, lo que menos se considera es el parecer de la prometida, constituyendo el detonante para abandonar su familia y nación por una vida en libertad.

Hormann y Wood centran la trama de la violencia e injusticia que se construye sobre la base de una crítica hacia los rituales, las costumbres religiosas de algunos países, como la castidad obligada o la mutilación genital femenina; pero que termina constituyéndose como un cuento de hadas que no deja a un lado la dureza del mundo actual.

Waries, en su espeluznante historia, nos revela el momento en que contaba con tres años de edad y fue obligada por su madre a cumplir con la ablación, la que consiste en mutilarles el clítoris y coser los labios exteriores dejando solo una abertura pequeña para que orinen y menstrúen.

Entre su inocencia, gritos y llantos de dolor, fue cercenada, exponiéndose a la muerte, de la que no sobrevivieron sus dos hermanas, estremeciéndome hasta los tuétanos.

De hecho, va mi repulsa y crítica severa a toda aquella práctica dañina que vaya en contra de la sabiduría de la naturaleza. El mutilarle un órgano a un infante indistintamente del sexo revela la barbarie, monstruosidad y atrocidad a la que puede llegar el ser humano por razones presuntamente higiénicas, culturales y religiosas; por supuesto mal entendidas, puesto que nadie se rebana un dedo por suciedad física o moral.

Ahora bien, si revisamos la historia de la humanidad, encontramos que ha estado jalonada por hechos en los que el hombre ha protagonizado y continúa ejecutando la crueldad y la barbarie, visible en nuestros días como lo es el sicariato, decapitación, muerte por encargo, entre otras; no obstante, la revolución tecnológica y el renombrado siglo del conocimiento, lastimosamente todavía en el hombre prevalece el instinto animal ante su razón y que inflige su poder o fuerza sobre el más vulnerable.

Recomiendo leerse la novela histórica “En el Nombre de la Rosa”, del escritor italiano Umberto Eco; narra el entorno religioso del siglo XIV y el proceso inquisitivo, donde hombres y mujeres eran calcinados públicamente, frente al júbilo de los parroquianos, brutalidad que nos devela el poder de la religión, la baja condición del ser humano y la idiosincrasia de los pueblos.

Waries Dirie, la flor que eligió ser libre pese a todos los obstáculos del desierto, se convirtió en sujeto de su propia historia. Reconocida escritora, incursionó en el mundo del modelaje, superando discriminación y prejuicios, la mujer valerosa, activista decidió luchar en los movimientos en contra de la mutilación genital femenina.

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