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Los taxistas siguen haciendo de las suyas


Es posible que no sean todos los taxistas, pero quienes por necesidad deben utilizar el transporte selectivo, lo siguen haciendo bajo el desamparo de las autoridades y la burla de los primeros. “No voy para allá”, sigue siendo la frase que predomina en una relación que evidencia cierta anarquía en detrimento del ciudadano. Hay quienes demoran hasta más de una hora para alcanzar la suerte de que un taxista se digne a ir en su dirección. Sobre todo en horas de la tarde cuando las personas terminan sus labores o deben desplazarse hacia otros compromisos. Es una realidad muy conocida. Lo que frustra, sin embargo, es la incoherencia entre los desmanes de quienes prestan este servicio y las declaraciones altisonantes de todos los gobiernos con promesas de resolver el problema. Parece una convivencia de intereses, el gobierno no se mete con los taxistas y ellos siguen haciendo lo que les da la gana. Cero estrés. Es evidente el carácter electivo de este medio, no porque el usuario pueda disponer de él para urgencias, por necesidad o por el expreso deseo de viajar rápido y cómodo, ¡no! El selectivo es el conductor que dice cuándo, hacia dónde, cómo y en compañía de quién debe viajar el usuario. Si esto no es anarquía abierta habría que buscarle otro nombre, pero si es una realidad que se debe, no solo a la irresponsabilidad de conductores, sino a la incapacidad de las autoridades.