Los valores no pasan de moda
El martes pasado valuamos el privilegio de presenciar la disertación de la ingeniera Ilya Espino de Marotta, vicepresidenta ejecutiva de la Autoridad del Canal de Panamá sobre el tema que titula el presente artículo, en uno de los salones de conferencias del Club Unión de Punta Paitilla. La mujer con el cargo más alto en la ACP goza de una envidiable sencillez e inmediata seducción, fruto de más de tres décadas a cuestas laborando en diversos cargos, siempre de mayor responsabilidad, en la organización pública de mayor profesionalismo en el Istmo.
Orgullosamente de raíces santeñas, lo opuesto a muchos que se sacian con que “son de la ciudad”, como si ello les eximiera de un inexistente complejo de inferioridad provincial, Ilya enamora al auditorio por su pasión, desvelo y frenesí por su trabajo, su organización y su folclórico amor a la patria que le vio nacer y sudar bajo su ardiente sol de mediodía.
Galardonada recientemente por “Forbes” como una de las 50 mujeres más poderosas de Centroamérica, Ilya encabezó y ejecutó exitosamente el Programa de Ampliación del Canal de Panamá, la obra de mayor envergadura en la historia del país, incluyendo la construcción del Canal original, como para que no vengan aquí foráneos a decirnos nada. Que esto lo haya hecho una mujer y que esa mujer haya sido una panameñita vida mía ¡es como para hacer un incesante espectáculo de fuegos artificiales en el altar de la patria!
Nos honra con la introducción otro baluarte istmeño, don Luis H. Moreno, Jr., presidente de la Fundación Panameña de Ética y Civismo, auspiciadora del evento, en cuyas trincheras brega desde hace casi dos décadas, en lo que define como “la infatigable lucha para generar una cultura ética y cívica con una contextura moral caracterizada por un sentido de solidaridad y justicia, de responsabilidad y libertad, de honestidad y gran respeto entre todos los sectores y niveles de la sociedad panameña”.
A lo largo de su conferencia magistral, la ingeniera Espino de Marotta hace resaltar el denominador común de la operación del Canal: profesionalismo, independencia, puntualidad, trabajo en equipo y responsabilidad en un ejercicio en el que redunda la transparencia y cuyo aporte a las arcas del Estado han resultado mayores en los 17 años de operación panameña que durante todo el siglo XX.
¿Cómo, si lo podemos llevar a cabo en la Autoridad del Canal de Panamá de forma tan exitosa, no podemos repetir la operación en otros entes del Estado? ¿O por lo menos en lo que nos respecta, en la Autoridad de Turismo de Panamá?
Lo más importante para este logro es un compromiso político que mantenga al Estado lo más alejado posible de los nombramientos y políticas de la organización. De esa manera se podría establecer una meritocracia real con administración por objetivos y compromisos a todos los niveles del ente para su óptimo funcionamiento y continuidad de objetivos. Nos parece que es la única forma de una vez por todas de sacar adelante y permanentemente nuestro alicaído turismo.
Escuchar a la ingeniera Espino de Marotta fue música para nuestros oídos, rasgando el cerebro sobre lo que es y lo que puede ser. En algún momento, en un futuro cercano, tendremos que seriamente plantear estos cambios.
A Dios gracias, lo opuesto a nuestros vecinos, en el Gobierno Nacional contamos con una muy eficiente Autoridad del Canal de Panamá que alumbra el camino con su ejemplo, tenacidad y el compromiso de toda su gente. ¡Gracias, Ilya, por activar tan fulgurosamente el faro de los valores!
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