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Los verdaderos y variados adversarios de Panamá

Por: Redacción 24/10/2013

Guillermo A. Ruiz Q. (opinion@epasa.com) / Ingeniero y analista político.

El fin de semana pasado sucedieron hechos que dejaron claro que Panamá cuenta con enemigos directos en la región. Más allá de la tan publicitada guerra al narcotráfico y al lavado de capitales, hay países y políticos que deberían ser observados más detenidamente en sus acciones. De igual forma, tanto nuestro Gobierno como los grupos empresariales y de la sociedad civil deberían estar más atentos a estos sucesos que, aunque en el momento parecen no tener mayor relevancia, sí afectan nuestro nombre como país.

La pasada Cumbre Iberoamericana realizada en Panamá ha sido objeto de todo tipo de críticas, y ha sido considerada un fracaso por la ausencia de la mayoría de los mandatarios invitados. Creo que por ahí no es el análisis correcto. Primero, culpar al Gobierno de Panamá por la ausencia de presidentes a la cumbre es no conocer cómo funciona esta actividad. La Secretaría General de Cumbres Iberoamericanas (Segib), con sede en Madrid y que ha estado dirigida por el saliente secretario general, Enrique Iglesias, es la encargada de la logística completa de estos eventos. La Segib con el apoyo del Gobierno y Corona española son los que, a través de su liderazgo, tienen la responsabilidad y lograr que cada cumbre sea exitosa. El país anfitrión solo debe realizar la logística de país.

Con lo anterior claro, quedó muy obvio el boicot de los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), al no participar en la cumbre y enviar, en el mejor de los casos, funcionarios de segundo nivel.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela se ha convertido en adversario de nuestro país. No solo promueve las acciones del Alba. También debemos recordar la deuda de 1,200 millones de dólares que está por hacer quebrar nuestra Zona Libre de Colón. Ni hablar de la logística que todos sabemos que, en contubernio con el Gobierno cubano, realizan dirigidas a ideologizar a dirigentes de izquierda de nuestro país.

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, se ha convertido en otro adversario de Panamá. Recuerdo muy bien cómo llegó hace algunos años a nuestro país con la intención de que rompiéramos relaciones con la República de Colombia, ya que ellos sentían que estos últimos habían bombardeado su territorio y pisoteado la soberanía nacional, luego de la operación colombiana que acabó con la vida del guerrillero “Raúl Reyes”. Muy bien asesorado, el entonces presidente, Martín Torrijos, lo escuchó y, luego de decirle que lo sentía mucho, pero no podía complacerlo, se despidió de él. Correa aprovechó un micrófono instalado a la salida de la Presidencia de la República para, en catarsis, despotricar contra Colombia y los políticos panameños. Ahora, con la excusa de las aceptaciones por parte del gobierno del presidente Ricardo Martinelli de las solicitudes de asilo para los periodistas ecuatorianos perseguidos por este señor, se la pasa hablando pestes del Gobierno de Panamá, derecho exclusivo de quienes lo elegimos.

La presidente de Costa Rica, Laura Chinchilla, tiene la costumbre de, cada vez que sucede algo en Panamá, emitir declaraciones alarmistas en algún medio de comunicación al respecto. Cuando un grupo de turistas ticos quedó atrapado en la carretera por las manifestaciones indígenas en San Félix, ella no dudó en maximizar ante los medios internacionales lo sucedido. Así hay cualquier cantidad de otros episodios. Lo sucedido a nuestra principal línea aérea, Copa, este fin de semana, fue aprovechado por Chinchilla una vez más para su acostumbrado showde sarcasmo y mala comedia. Si ella quiere que Costa Rica progrese a los niveles de Panamá, lo menos que pudo hacer estos años fue un gobierno medianamente bueno. El 80% de sus compatriotas coincide conmigo en que, gran parte del estancamiento de ese país, se debe a su poca habilidad para vender a Costa Rica como un buen destino para la inversión extranjera, entre otros.

Cada cierto tiempo, diarios norteamericanos ilustran sus páginas con el más mínimo problema sucedido en Panamá. Los intereses económicos de otros países que compiten con centros bancarios o logísticos han generado la creación de equipos de comunicación que se dedican a maximizar cualquier situación más o menos conflictiva o negativa que involucre a Panamá.

Así puedo hacer una larga lista. A veces, mientras veo la inútil y absurda diatriba entre nuestros candidatos presidenciales, me pregunto si ellos no se han dado cuenta de que lo único que necesita esta gente es un escándalo para dejar a todos lo panameños como un país del octavo mundo donde no vale la pena invertir. Mucho cuidado.

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Miércoles 12 de agosto de 2026