Los vericuetos de una política confusa
El cargo de vicepresidente de la República que ocupa Juan Carlos Varela es de carácter constitucional. Mal puede, luego, el presidente Martinelli solicitarlo o increparlo a fin de que renuncie de tal puesto, el segundo en jerarquía política en nuestra nación. Insisto, el presidente no puede pedirle a Varela que renuncie, pero es difícil para los ciudadanos entender la posición o el comportamiento político de Varela, entre tanto que funge como vicepresidente y, al mismo tiempo, actúa como el más grande opositor de las políticas del Gobierno Nacional, siendo que se halla incrustado en dicho engranaje gubernamental.
Habrán de ser sus asesores, previa lectura de hechos y circunstancias, quienes le indicarán por qué camino seguir, qué ruta tomar. Ahora bien, los panameñistas empiezan a conjeturar un supuesto juicio en la Asamblea Nacional de Diputados para Juan Carlos Varela. Lo primero que hay que observar, importante, es que a Varela, como vicepresidente, no lo juzga la Asamblea sino la justicia ordinaria; ni siquiera la Corte, sino los juzgados circuitales penales en virtud de lo que prescribe el numeral 14 del artículo 159 del Código Judicial, y solo para los casos que determina el artículo 191 del Código Penal: extralimitación de funciones, violencia o
coacción en el curso electoral, delitos contra la personalidad internacional del Estado. No podemos, por otra parte, dejar de censurar las acusaciones mutuas que se han dado, desde hace varios meses ya, entre las dos figuras más prestantes de nuestra política y gobierno. He sostenido que flaco favor se le hace a la democracia en sus aspectos éticos y morales y ninguna contribución se genera en la decencia política que tanto reclamamos los ciudadanos y ciudadanas tras el escenario de cosas que se nos presenta a diario en la alta cúpula de gobierno. Los dimes y diretes de quienes deben proyectarse con el mejor ejemplo traducen un escenario casi comparado con los bochinches y chismes del más recalcitrante patio limoso y que muy a menudo se exhiben en los conocidos barrios de trifulca.
Advierto que en Juan Carlos Varela existe cierto temor de que si renuncia él no podría correr como candidato a la Presidencia del país. Constitucionalmente debo aclarar que lo único que se lo impediría es que llegara a ocupar la Presidencia tras la producción de una vacante absoluta por parte del presidente. Encargarse temporal o provisionalmente de dicho cargo tras las ausencias del presidente no afecta su pretensión a correr como candidato presidencial. En el hipotético caso de que Varela renuncie, el Consejo de Gabinete tendrá que elegir dentro de sus ministros a un encargado de la vicepresidencia.
Abogado.
