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Luchar por lo importante


Entre los valores humanos, cívicos y morales más preciados, está la libertad. Es deber de todos asegurar su vigencia para nosotros y para la posteridad.

Desafortunadamente, dada la naturaleza de nuestra sociedad de hoy, la vida ocupada que llevamos y los problemas que nos crea el comportamiento de la economía mundial, estamos olvidando esa obligación. Ante la pérdida sostenida de libertad, vemos con preocupación que muchas personas, especialmente los jóvenes, distraídos por la música estridente de las discotecas y los placeres materiales, permanecen impasibles o le dan baja prioridad. Olvidamos a hombres y mujeres quienes con grandes sacrificios nos han dado la oportunidad de soñar y la habilidad para convertir esos sueños en realidad.

Como se trata de un valor cívico y moral, la Comisión Rotaria sobre los valores éticos y morales, intenta despertar la conciencia de esa juventud y recordarles que deben luchar por sus derechos y el de los demás. La juventud debe tener el coraje de hacerlo, no por pequeñeces, sino por cosas importantes; deben luchar contra la fuerza en este mundo que deshumaniza la sociedad, que desconoce los valores, que profana la existencia, que separa al hermano, que nos priva de la libertad.

La libertad no se asegura simplemente por textos constitucionales y legales. A estos se les da vida por instituciones y por virtud de los valores cívicos y morales de la gente. Se asegura mediante la tolerancia hacia otros, renunciando a la violencia mediante la capacidad para apreciar y celebrar la herencia cultural, étnica y religiosa de otros, como piedras preciosas en el mosaico humano. Pero no permitamos que la lucha sea destructiva. Que salga del amor, no de la envidia, que construya, no destruya. Ir contra la ignorancia, el fanatismo, la desesperanza. Que estemos dentro de los que luchan contra el dolor, que lo alivian compartiéndolo.

Hagamos el esfuerzo para estar entre los no satisfechos con el status-quo, los que anhelan y trabajan por un mundo mejor fomentando los valores morales y espirituales. Traigamos a este mundo un poco más de verdad, de justicia y de sensibilidad porque lo amamos lo suficiente para luchar contra el deterioro de la visión de lo que debe ser.

Para lograr este objetivo debemos ser y hacer las cosas buenas que traen la paz. Tengamos la sabiduría para hacer justicia, sentir amor y misericordia, y caminar humildemente con Dios. Liberémonos de todo espíritu egoísta que cause sospecha o falso orgullo y abramos nuestros ojos al espíritu de la luz de la verdad.