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Luchemos por ser equilibrados


Queremos ayudarlo a vivir en armonía, por eso le ofrecemos estos consejos: No pierda tiempo en vengarse: el deseo de vengarse trae al cuerpo y al alma grandes males. “Mío es el castigo y no cedo a otros el poder de venganza”, dice el Señor. ¿O es que creemos que los que hacen el mal se quedarán sin castigo divino? El Señor hará beber hasta la última gota de la copa de la amargura a los que se dediquen a obrar el mal. Para estar sanos es necesario evitar cualquier sentimiento de venganza. Cuando Jesús dijo: “Perdonen 70 veces siete” (Mateo 18, 21-22), nos estaba dando una receta divina para no padecer de alta presión sanguínea, palpitaciones y ataques al corazón.

Esté atento al nacimiento de desórdenes mentales: debe estar atento usted a todo brote de conflicto emocional, con síntomas claros de angustia, desesperación, ataques de ira sin razón clara, desánimo prolongado, miedos irracionales que aparecen poco a poco, y otros. Tiene usted que luchar para ser una persona equilibrada, que vive en armonía interior. Quiero retratar brevemente la diferencia entre una persona que vive en paz y otra que se desgasta en conflictos emocionales dañinos. La persona equilibrada acepta las penas, desdichas, calamidades y contrariedades de la vida con serenidad.

Después del primer golpe duro y pesado, comienza el proceso de asimilar la contrariedad y pensarla en términos de “todo es relativo menos Dios” y comienza a reponerse poniendo todas sus energías en recuperar su armonía interior. La persona neurótica estalla con arranques de ira a la menor contrariedad.

La persona equilibrada se siente demasiado ocupada en la vida para dedicar el tiempo a lamentarse y a sentir lástima de sí misma. Asume su responsabilidad en todo lo que le compete y llena de valor prosigue la consecución de sus metas. El equilibrado se siente contento de estar viviendo. Sabe que la vida es un “don o gracia de Dios”, un regalo que debe aprovechar. Busca ver el lado bueno de la existencia y aunque es realista, no magnifica lo negativo, no lo pone en primer lugar en sus pensamientos, sino que elige ser positivo en todo. El que no tiene armonía interior siente un deseo sutil de desaparecer.

La persona equilibrada sabe manejar sus impulsos. Intenta ser dueño de sí mismo y controla su energía negativa, transformándola en positiva. No deja que la ira, la lujuria, la tristeza se conviertan en sus dueños.

Una persona que vive en armonía interior le da las cosas su justo valor y luchando por hacer de este mundo, un lugar mejor, y tiene la certeza, de que al final el triunfo será del Señor, con Él todos somos invencibles.

Monseñor.