Luchemos por una sociedad más justa
Prof. emérito de la U. Complutense de Madrid
Tengo la convicción de que debemos penetrar en la noche y, como centinelas, permanecer en guardia por aquellos que están solos y sufren el horror ocasionado por este sistema que es mundial y perverso. Un grito en la noche puede bastar para recordarnos que estamos vivos, y que de ninguna manera pensamos entregarnos, decía Ernesto Sábato.
Esta es la fuerza de las personas comprometidas, con independencia de edad, nacionalidad o estatus social.
Sin esperar nada a cambio, sino por una exigencia de justicia social, que nos fuerza a ser coherentes con nosotros mismos en la plenitud de la relación humana que radica en la comunión con el otro. Afirma Sábato que “nos debemos a nosotros mismos un gesto absoluto de confianza en la vida y de compromiso con el otro. Así lograremos trazar un puente sobre el abismo”. Es una decisión que en este momento nos debe abrasar el alma.
Los puentes sostienen las orillas para permitir que los ríos fluyan libremente. También para acercar a las gentes y facilitar su reencuentro, pues esa es la característica de las personas dignas, que se encuentran antes de haberse conocido. Todos nos buscamos sin saberlo. Y el camino, como sugería Kafka, consiste en ahondar en el propio corazón porque eso significa ahondar en el corazón de todos los seres humanos.
En sus “Cartas a un joven poeta”, proclama Rilke: “Es menester que nada extraño nos acontezca fuera de lo que nos pertenece desde largo tiempo”. Ese es el desafío de la libertad que da sentido a un vivir con dignidad, recuperar nuestras señas de identidad para llegar a ser nosotros mismos.
En las organizaciones humanitarias, surgidas en el seno de la sociedad civil, el voluntariado es una de las mimbres fundamentales en una trama que requiere medios materiales para poder llevar a cabo sus tareas. En esa urdimbre del dolor, de la injusticia y de la soledad es preciso avivar la esperanza con la proyección de nuestros anhelos. Porque la prueba de que otro mundo es posible está en que somos capaces de concebirlo.
Hay muchas personas que admiran la labor del voluntariado y que quisieran participar en la respuesta al desafío. Es posible ayudar con una aportación económica haciéndose socio de alguna de las organizaciones de la sociedad civil que existen, no ligadas ni dependientes de fundaciones bancarias, empresas e instituciones ideológicas, sean políticas o confesionales. Esa es otra dimensión de la ayuda que uno puede realizar conforme a sus convicciones. Para estas organizaciones sociales humanitarias y que apuestan por una sociedad más justa la implicación de los ciudadanos es la convicción de que este edificio de la convivencia solidaria no se puede construir sin recursos propios para mantener la libertad y la independencia propias de los grandes ideales que mantienen a tantas personas justas de nuestros días.