default

¡Magisterio y Gobierno panameños!


En Panamá, la nueva educación (aceptemos provisionalmente este término convencional promovido por José Daniel Crespo), la nueva educación decimos, no tiene otro enemigo que la incultura de las grandes masas: enemigo que lo es pasivamente y que no contrarresta la acción vivificadora de las corrientes actuales, sino por virtud de esa aplastante inercia, mezcla de hábito y de ignorancia. Quisiéramos que en nuestro país no se conociera el magisterio conservador, grosera apostasía que en otros lugares pretende hallar lógicas contra la acción fecunda y honrada de los maestros renovadores. En Panamá, el maestro o conoce los principios de la reforma escolar y los defiende tesoneramente, o no los defiende porque no los conoce; pero rechazamos esa bastarda actitud de los que luchan contra las orientaciones del pensamiento pedagógico contemporáneo.

Exhortamos, a la par del magisterio reformista se halle el Gobierno mismo (que sea en nuestro país de los contrastes), el primer revolucionario en la obra de reconstrucción social. Para hacer de Panamá un pueblo nuevo y consciente; pero más que todo hacerlo panameño: esa sea la preocupación generalizada desde las esferas del Gobierno hasta los humildes militantes de la cultura, que al frente de la escuela en lugares de difícil acceso diseminen abnegadamente los principios de tan sano patriotismo. Hacer panameño al pueblo panameño es hacerlo humano por excelencia: es fijar en el alma colectiva la noción de universalidad que riñe con los mezquinos regionalismos de frontera. Panamá, país pequeño geográficamente hablando pero grande en su dimensión histórica, y sobradamente idealista para querer ceñir con cinturón de acero la generosidad de su espíritu; además: cuenta con muy potentes rasgos de originalidad como para temer a la promiscuidad cultural que se observa en otras partes.

El desinterés: he ahí, en una palabra, definida la acción de las clases gobernantes. En otras partes, casi en todas, vemos a los gobiernos empeñados en practicar la política absorbente que atiende por toda finalidad a la propia conservación y al fomento de la cultura como interés político; en Panamá, al contrario, anhelamos un Gobierno, que para obtener la profusión de la cultura y alcanzar un máximo de reforma social, atacara en la mayoría de los casos hasta los propios sustentáculos de la clase gobernante.

Estamos frente a un Gobierno que prometió “un cambio”… ¡Sí, pero un cambio integral! El magisterio panameño, por consiguiente, tiene en sus manos esta nueva obligación: proceder en sus tareas de manera que no pase inadvertido ningún indicio de un verdadero cambio: en educación, salud, moral, seguridad, etc., son enseñanzas que pudieran ir desprendiéndose paulatinamente de los horarios para ocupar no un sitio determinado sino cualquier momento de la vida del niño y del adolescente en que éstos se sientan movidos por un deseo de actuar.