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Mal ejemplo


Hace unas semanas, los colegios particulares anunciaron alzas en sus matrículas y anualidades. Paralelo a eso, algunas universidades privadas también realizaron algunos ajustes en sus precios debido a los altos costos de operación.

Los padres de familia y aquellos estudiantes que hacen un esfuerzo por recibir una educación privada deberán meterse la mano a sus bolsillos y pagar más.

Quizás ajusten sus presupuestos familiares y den de baja algunos gastos como ir al cine o comer en un buen restaurante, pero menos dejar de estudiar.

Las justificaciones para invertir en educación particular son muchas y no hay por qué ignorarlas. El sistema de educación público está saturado y la capacidad instalada para atender a los estudiantes es limitada.

Los docentes deben atender a más de 30 alumnos por salón y lidiar varios grupos por día. Mientras que en el transcurso del año, las amenazas de huelga y las manifestaciones en las calles están siempre en el ambiente.

Ayer, un grupo de estudiantes del Instituto Nacional decidieron salir a las calles y protestar, se reportaron enfrentamiento y se suspendieron las clases por seguridad. Igual sucede en la Universidad de Panamá, cada vez que algún grupo estudiantil decide llevar su descontento a las calles se suspenden las clases hasta por una semana.

En este ciclo de protestas, sufren los que realmente quieren estudiar. Esa cultura del enfrentamiento y el vandalismo perjudica a todos.

Tristemente, las carencias del sistema de educación se acentúan cada vez que se suspenden las clases. Sin dejar a un lado las huelgas de los educadores exigiendo mejores salarios y rechazando cualquier cambio que proponga el Gobierno.