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Mal estado de Salud

Por: Redacción 17/06/2014

La renuncia del designado ministro de Salud, Julio Santamaría, confirma los rumores sobre los problemas del presidente electo, Juan Carlos Varela, para nombrar ministros. Santamaría ha explicado lacónicamente su rechazo a razones personales, pero ni Varela ni el exviceministro de Salud dan a conocer las razones políticas del súbito cambio en una cartera estratégica. Un nombramiento de ministro eleva el perfil del currículum de cualquier profesional y la designación es producto de conversaciones previas entre el gobernante y el designado. Alguna razón de peso ha prevalecido para que el conocido médico, especializado en Oncología, haya dejado en el ridículo al nuevo gobierno antes de entrar en funciones.

En el espinoso escenario de las especulaciones políticas se tejen diversas aclaraciones. Una sería la resistencia de lanzar una campaña de desprestigio contra las obras que deja Salud como la construcción en marcha de la Ciudad Hospitalaria, el nuevo Instituto Oncológico Nacional, la edificación de diversas Minsa-Capsis, la eficiente campaña contra el dengue, el nombramiento de médicos especialistas en áreas de difícil acceso y zonas apartadas de los hospitales públicos.

Lo que acontece en Salud se perfila como la tónica de nombramientos de tipo revanchista o marcados por la obsesión de hacer cosas distintas, pero sin estudio. Está sin nombrarse al nuevo ministro de Desarrollo Agropecuario que recibiría sobre sus espaldas la misión imposible de congelar los precios de los productos de la canasta básica, sin conocer las opiniones de productores, comercializadores, usuarios y economistas.

Está también la situación del nuevo director de la Policía en contra de la corriente de rescatar los desatinos de otras épocas y confiarle la dirección de la institución a un civil que simbolizara la jerarquía del gobierno.

Ahí está en marcha el transfuguismo colectivo del PRD, incitado y manipulado por el panameñismo para controlar la mayoría legislativa a cambio de un botín de prebendas burocráticas. Perredistas como Nils Castro, del Movimiento de Bases Torrijistas, traza en internet y redes sociales la línea divisoria entre el entreguismo y la integridad ideológica del PRD, oponiéndose a nombre del ideario torrijista a lo que sin eufemismos llaman la traición de negociaciones con el nuevo gobierno.

Los diputados perredistas están enredados en disputas internas sobre la presidencia de la Asamblea, más la entrega de cargos importantes en la administración estatal, materializando una corrupción que está provocando cismas de consecuencias imprevisibles.

Voceros panameñistas arguyen que la gobernabilidad exige el control partidista de la mayoría de la Asamblea, admitiendo que están preparados para entenderse con el diablo. En el vocabulario varelista, la gobernabilidad es sinónimo de controlar el poder político a cualquier precio. Y quieren el control del Órgano Legislativo para hacer de las suyas y saciar su obsesiva venganza política, sacando a los funcionarios ajenos para colocar a ministros y periodistas en el gobierno por órdenes del grupo económico que financió la campaña electoral.

Así se delata la naturaleza de un partido aliado con un poderoso consorcio económico y que, encima, configura un cogobierno de Ejecutivo y Legislativo con sus peores enemigos. Omar Torrijos y Arnulfo Arias dan vueltas en sus tumbas.

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Viernes 7 de agosto de 2026