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Malos augurios


La Asamblea Nacional se ha ganado a pulso la pésima imagen que tiene entre los panameños. Los constantes escándalos, el ausentismo descarado, el transfuguismo y la malversación de recursos públicos han ido labrando cada detalle de su cuestionada reputación.

Y lejos de tratar de mejorar la percepción que tiene la opinión pública de ellos, los mal llamados “padres de la patria” abonan diariamente a su mala fama.

Las primeras candidaturas que han surgido para la Presidencia de la Asamblea no auguran un mejor porvenir, al contrario, amenazan con empeorar la situación.

El polémico diputado chorrillero Sergio Gálvez, el mismo que se jacta en los medios de ser “El búfalo sexual”, y Marco González, el que dirigió los debates de la Sala Quinta como una gallera de barrio, surgen como aspirantes en el oficialismo.

Al margen del derecho que tienen todos los diputados de aspirar a cualquier cargo dentro de la Junta Directiva de la Asamblea, los que abriguen esta esperanza deben tener buenas cartas de presentación.

Las interminables ausencias y los escándalos públicos de Gálvez no son buenos antecedentes. Tampoco lo son la forma violenta y poco comedida como González dirigió los debates o el gesto obsceno que hizo a los ciudadanos que ejercían su derecho a disentir de una iniciativa oficial.

Las intenciones de ambos no generarían ninguna expectativa en la población, si no fuera porque su cercanía con el Ejecutivo los ha llevado a ocupar puestos importantes en la Asamblea.

Pese a que los diputados están empeñados en lo contrario, los panameños no perdemos la esperanza de que la Asamblea algún día sea un órgano transparente, en donde las leyes se debatan con decencia.