Manifestaciones pacíficas con sabor a represión
La Policía Nacional, a través de su equipo de comunicación, explicó hace algunos días sobre la retención de 15 personas que se encontraban protestando frente a las instalaciones de la institución policial “(...) obstruyendo el libre tránsito vehicular, impidiendo la salida del personal de apoyo a las diferentes zonas y a las ambulancias”. Luego, por medios de comunicación y desde las redes sociales, se difundió que ellos “alteraban el orden público”.
Estas personas, entre damas y caballeros, activistas en materia de derechos humanos, se encontraban protestando con un grupo claramente identificado, en una manifestación pacífica, que según envían por cuentas de “wasap”, contaba con permisos municipales y de la Autoridad del Tránsito, y pretendían entregar una carta al jefe de la Policía, en la cual reiteraban su disposición de encontrar formas de trabajo conjunto, con capacitaciones institucionales dirigidas a sensibilizar sobre temas de interés común.
En respuesta, y con la presencia de personas que vestían chalecos que las identificaban como “Defensoría del Pueblo” -y que tomaban apuntes como si se vieran los toros desde la barrera-, fueron cercadas, retenidas y conducidas mediante las “chotas” hacia instalaciones policiales, para luego ser puestas en libertad por intervención de abogados y hasta la participación del rector de la Universidad de Panamá, Eduardo Flores, quien dijo que no había justificación para conducirlas y retenerlas por tres horas.
Por lo visto y oído en todo este alboroto ocurrido, ¿cuál sería la diferencia en que protesten grupos organizados de trabajadoras sexuales, comunidad LGTB, jubilados o trabajadores de industrias afuera de la sede de la Policía Nacional? Pareciera ser que ninguna, salvo por el hecho de que nuestros prejuicios y estereotipos se imponen cuando tocamos temas que requieren un debate serio frente a realidades que tenemos y no queremos encarar.
Indigna el hecho de que, a pesar de revisar algunos videos sobre la protesta y escuchar la versión de los activistas, observamos cómo son reprimidos bajo la excusa de alteración del orden público, como también se cuestiona el trato a las mujeres que, sin importar su oficio, por favor, no creemos que fueran un riesgo de seguridad para nuestros profesionales.
Siempre seré respetuoso de instituciones llamadas a proteger y servir a los habitantes de mi país, pero un abuso es un abuso, y esto debe acabar, pues más daño le hacemos a la sociedad con estilos represivos de conducta policial cuando era evidente que la protesta tenía como intención motivar para respetarnos como seres humanos. Por cierto, me dio la impresión de que está prohibido protestar en la acera, sobre todo si se trata de la sede policial, pero eso puede ser mera percepción.
Periodista