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Manifiesto para recordar

Por: Redacción 03/11/2014

“El pueblo del Istmo, en vista de causas tan notorias, ha decidido recobrar su soberanía, entrar a formar parte de la sociedad de las naciones independientes y libres para labrar su propia suerte, asegurar su porvenir de modo visible y desempeñar el papel al que está llamado por la situación de su territorio y por sus inmensas riquezas. A eso aspiramos los iniciadores del movimiento efectuado, que tan unánime aprobación ha obtenido. Aspiramos a la fundación de una república verdadera en donde impere la tolerancia, en donde las leyes sean normas invariables de gobernantes y gobernados, en donde establezca la paz efectiva, que consiste en el juego libre y armónico de todos los intereses y de todas las actividades, y en donde, en suma, encuentren perpetuo asiento la civilización y el progreso”.

El manifiesto de la Junta Provisional de Gobierno, firmado por José Agustín Arango, Federico Boyd y Tomás Arias, redactado por Eusebio Morales, debe constituirse en lectura obligatoria de los estudiantes de todos los centros de enseñanza en esta fecha, de todos los panameños, porque encierra en maravillosa síntesis los valores fundacionales de la República de Panamá.

Representa el histórico manifiesto el meollo de los principios constitucionales articulados en la Constitución que todos debemos acatar y respetar porque nos enseña a que rija la tolerancia democrática, al imperio de las normas invariables de las leyes en el ordenamiento civil dentro del contexto de los intereses públicos y privados.

Pero el manifiesto no debiera recitarse simplemente para cumplir la escenografía de las ceremonias de noviembre. Debe aplicarse el significado profundo del manifiesto con la majestad y trascendencia de un juramento para salvaguardar, ahora y siempre, en el presente y el futuro, una estable y permanente institucionalidad republicana.

Los panameños suscriptores del manifiesto arriesgaron la vida y los bienes para fundar una república independiente en la que todos vivieran en paz y armonía, en tolerancia y respeto a las ideas ajenas, por encima de disidencias políticas e intereses materiales.

El separatismo fue el desenlace político de un antiguo anhelo de los habitantes del Istmo para forjar el derecho a la autonomía administrativa y la libre determinación de su destino.

El manifiesto dedica párrafos significativos a Colombia para que se entendieran y aceptaran las causas de la separación: “Al separarnos de nuestros hermanos de Colombia, lo hacemos sin rencor y sin alegría. Como un hijo que se separa del hogar paterno, el pueblo istmeño, al adoptar la vía que ha escogido, lo ha hecho con dolor, pero en cumplimiento de supremos e imperiosos deberes: el de su propia conservación y el trabajo por su propio bienestar. Entramos, pues, a formar parte entre las naciones libres del mundo, considerando a Colombia como nación hermana siempre que las circunstancias lo demanden y por cuya prosperidad hacemos los más fervientes y sinceros votos”.

Se trata de un mensaje henchido de fraternidad que las partes debemos mantener, sin presiones ni abdicaciones lesivas a nuestra soberanía. El Istmo se integró a la Gran Colombia, voluntariamente, sin claudicar el derecho a ejercer su libre determinación para construir su propio destino, a partir de 1903. Así lo hicimos y continuaremos haciéndolo. Somos una nación libre. No podemos subestimar el mandato del pueblo panameño.

 

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Jueves 6 de agosto de 2026