Mar y tierra
Con motivo de las fiestas decembrinas me di a la tarea de mostrarle a mi familia rincones dignos de ser visitados en Panamá y que además se encuentran como decimos en mi tierra a “tiro de piedra” en el Caribe panameño donde las aguas turquesas y el cielo se unen en matrimonio.
Saliendo de la ciudad de Panamá por el Corredor Norte, tomamos dirección hacia la histórica provincia de Colón, durante la carretera pasamos 2 casetas de peaje, no olvide adquirir su tarjeta de corredor antes de incorporarse al mismo, créame, eso le facilitará su paseo.
Una carretera tranquila y con fácil manejo nos condujo a través de verdes paisajes, lagos y entradas de ríos hasta nuestra primera desviación, la cual nos conducía hacia Sabanitas, primera escala para tomar rumbo hacia el Conjunto Monumental de Portobelo.
Una vez llegamos a este vestigio del siglo XVIII, conocimos la historia de la Batería de Santiago como se le conoce a este sistema de defensa proyectada en 1753 y “donde las construcciones cambian sus características medievales adoptando un estilo neoclásico con un aspecto más estilizado”, descripción que usted puede encontrar a la entrada del monumento, el cual te transporta a épocas virreinales, recordando los libros de texto que en 6° grado muchos de nosotros estudiamos en nuestra escuela primaria.
Tocar los cañones fue como estar en la máquina del tiempo y por un momento presenciar las batallas épicas del Caribe, grandes muros de coral y muros de más de dos metros de espesor resguardan estos tesoros que poco a poco se van olvidando. Recordemos que parte de la libertad e independencia de los países se forja en estos recintos, por lo que no podemos olvidar estos bellos monumentos que permiten a nuestros hijos conocer los orígenes de su raza.
Un artista de la joyería natural nos muestra bellas creaciones a precios envidiables, lo más curioso es que ese vendedor no es panameño, sino de origen colombiano; sin embargo, muy agradecido por el sustento que esta riqueza natural le da al ser un orgulloso promotor de las playas, islas y rincones del Caribe, un par de pulseras y bellos regalos para la familia que nos espera en casa, seguramente cuando mi familia llegue a México me llamará para pedirme más collares de coral, perla y otras bellas piedras, por lo que no tendré problema para encontrar con nuestro amigo colombo-panameño.
Llegó la hora de continuar con nuestro paseo por el borde turquesa. A lo largo de nuestro camino, los contrastes de azul son simplemente espectaculares, no terminas de ver una tonalidad cuando los rayos del sol te muestran uno y diez más.
¡La próxima vez no seré el conductor! Mis compañeros de viaje se asombran en cada curva, pequeñas “palapas” o ranchos como aquí se les llama están a lo largo de la costa donde lugareños disfrutan de este paraíso al pie de sus casas… aún mejor que los ricos y famosos, los cuales pagan inmensas cantidades por disfrutar de lugares como este.
Finalmente y después de muchas, muchas fotografías, llegamos a nuestro segundo destino donde tomaríamos nuestra lancha para cruzar y llegar a Isla Grande. Alejandro en su panga se hizo cargo de nosotros. Con solo 17 años nos llevó de forma elegante y pausada para disfrutar de cada uno de los coloridos hoteles, hostales y restaurantes que la isla ofrece para finalmente pararnos frente a la famosa estatua del Cristo Negro en los corales, estatua que emerge de las aguas cristalinas como símbolo para todos los que ahí habitan y visitan, seguramente es una de las estatuas más fotografiadas en el país.
De aquí nos dirigimos a disfrutar de un día de playa al mejor estilo de Isla Grande, justo en la arena y con palmeras que ofrecían sombra perfecta y comodidad, en el hotel Isla Grande por solo cuatro balboas usted puede disfrutar de sus instalaciones incluyendo regaderas, baños, sillas y mesas en la arena, cancha de volley bally restaurante y bar a la carta donde por supuesto el seco y el ron son parte esencial de la coctelería del lugar.
El tiempo pasa volando al disfrutar del mar y de la tranquilidad de sus pequeñas olas las cuales arrastran diminutos peces que se pasean entre las piernas de los bañistas, un acuario natural en el cual eres parte del mismo, poca gente, arena para hacer castillos y una boya que indica el cambio de profundidad del mar complementa la oferta de este destino el cual necesita de mayor promoción e infraestructura.
Después de mucho nadar y de rayos de sol, llega la hora de disfrutar de un almuerzo al pie del Cristo Negro, yucas, patacones, almejas, pargo, corvina entera, al mojo, a la criolla, a la plancha, en salsa de coco, en fin, como gustes, déjate consentir por el sabor del lugar y no alteres la receta, en la Villa de Ensueño no te arrepentirás.
La tarde ha caído y es hora de partir. Nuestro transporte llega a tiempo y Alejandro, en conjunto con su marinero de 10 años, cuida celosamente a nuestra familia, nos lleva de regreso con cadencia para disfrutar de la puesta del sol, la cual en conjunto con el mar turquesa forma dorados reflejos que iluminan la cara de los pasajeros de la panga que nos transportó para conquistar otro rincón más de este bello país.
Portobelo e Isla Grande son dos lugares con enorme potencial turístico, apoyemos el turismo interno y hagamos de él un lugar de clase mundial.
Aprovecho la oportunidad para desearles un feliz Año Nuevo y muchos éxitos para 2014 en compañía de sus familias.