Marchas históricas
Las marchas históricas cubanas de liberación se iniciaron para alcanzar la independencia de España y, posteriormente, en la Revolución que derrocó la dictadura sangrienta de Fulgencio Batista. Ambas recorrieron el país de oriente a occidente en numerosos combates que pusieron a prueba la valentía y decisión inquebrantable de alcanzar la victoria.
No solo resulta apoteósico en ambos casos, sino también impredecible el triunfo en los desiguales enfrentamientos, cuando los bandos patrióticos en ambas contiendas vencieron, en un tiempo relativamente corto, ejércitos superiores en número y armamento, a punta de heroísmo, inconcebible desde el punto de vista militar.
El 2 de diciembre de 1956 desembarcan en Los Cayuelos, al pie de la Sierra Maestra, 82 expedicionarios, al mando de Fidel Castro y se inicia la guerra de guerrillas en el Oriente, con un saldo inicial de apenas quince hombres armados.
La estrategia se resumía en la seguridad que brindaba la abrupta Sierra, y el resto había que buscarlos.
A pesar de los reveses iniciales, los rebeldes se encontraban en plena recuperación con las premisas de alcanzar el apoyo campesino y del movimiento revolucionario en el exterior.
Aquél puñado de hombres hasta ese momento, solo conocía el hambre, la persecución, el frío, la fatiga.
Un golpe efectivo a las fuerzas represivas despertará, además, la esperanza y el entusiasmo del campesino oprimido, que verá las posibilidades reales de la lucha guerrillera y sus propósitos correctos. Comenzará así a sentarse sobre sólidas bases el apoyo masivo de los campesinos, en forma de incorporación o colaboración, tan necesario para el éxito de la contienda.
En aquel momento había 23 armas. Durante todo el día 16 de enero (1958), el destacamento mantiene, a un kilómetro de distancia, la observación del cuartel La Plata.
El combate duró aproximadamente media hora. Fidel habla con los sobrevivientes: "Los felicito se han portado como hombres. Quedan en libertad. Curen sus heridos y váyanse cuando quieran."
Siempre contrastaba esa actitud con los heridos y la del ejército, que no solo asesinaba a los heridos, sino que abandonaba a los suyos. Esta diferencia fue haciendo su efecto con el tiempo y constituyó uno de los factores del triunfo.
La premisa real: "No hay prisa. Cuba está en estado de guerra, pero Batista trata de ocultarlo. Todo dictador debe demostrar que es poderoso, pues de lo contrario se cae; nosotros estamos demostrando que es impotente".
Trece meses y medio más tarde, desembarcaban por el norte oriental, 15 expedicionarios del Directorio Revolucionario con un buen cargamento de armas, algunos veteranos de la lucha armada en la capital habanera, para iniciar otro frente guerrillero en el Centro de la Isla.
Se cumplía el precedente histórico de los mambises, la guerra irregular viajaba hacia el occidente.
Arquitecto