María Dolores, empleada doméstica

Por: Redacción 01/09/2017

 

El proyecto de ley de la diputada Ana Matilde Gómez, para regular el trabajo de las empleadas domésticas me trae a la memoria recuerdos imperecederos.

"….venía sola de la campiña interiorana o porque la iban a buscar con el cuento de que la pondrían en la escuela y le comprarían ropita y demás enseres de sus necesidades diarias, solo que la joven ayudaría con los oficios de la casa, pero una vez instalada le comenzaba su víacrucis, tanto por la zurrada de trabajo que tenía que realizar, como por el acoso de los avispados infantes y de los encopetados patrones".

Novelas como El Derecho de Nacer, del insigne escritor cubano Félix B Caignet, denuncian esta vorágine, igual sucede con la trama de la película Angelitos negros, de esta relación Patrón Ama de llave, empleada doméstica o cocinera, viene el mote “Hijo de la cocinera”, con el que contrariamente hoy se señalan a los hijos de la pobreza.

Algunas jóvenes llegaron bien rollizas, alimentadas con yuca y gallina de patio, pasaron a ser la envidia de las flacuchas y anémicas hijas de los patrones, que cuando llegaban sus noviecitos a visitarlas los ojos se les desorbitaban al ver pasar a la doméstica como una potranca imantada de feromonas e imposible de ser ignorada por el equino (hablando como allá 'onde uno), otras llegaron con su camina'o montuno, pero pronto, pronto adquirieron experiencia y se convirtieron en verdaderas gatitas montesas.

Nosotros que precisamente vivíamos en una Renta frente al periódico La Nación, de donde fui ratón de imprenta, éramos vecinos de la familia materna de la hoy diputada Gómez. Recuerdo que casi todos los días se escuchaba por uno de los pisos del edificio: !Andrea, se queman los porotos! con tanto trabajo esta muchacha no tenía tiempo para vigilar los guisantes. Un día llegué del Instituto y abrí la nevera para tomarme mi clásico jugo de naranja cuando oí la voz de mi abuela que decía: ¡María Dolores, deje de ver tanto al muchacho y vaya a ver lo que tiene en la estufa, jo…!

Mi madre oficinista en la planta eléctrica de la Compañía Panameña de Fuerza y Luz también tuvo necesidad de tener empleadas domésticas, y ellas aprendieron a hacer dulces y a cocinar las más exquisitas recetas en el arte del buen comer. Ahora a sus 96 años, edita dos libros con recetas de toda su vida: La buena mesa con Dulcísima Diez de Alzamora y Sabores de la Campiña interiorana y afroantillano de nuestro país. (éxito de librería).

Algunas empleadas llegaron a dormir en el empleo y otras partían para sus casas a las seis de la tarde y mamá y nosotros terminábamos los oficios.

El trabajo doméstico es ingrato, a las humildes amas de casa que viven toda una vida esclavizadas nadie les paga un real ni el Estado las compensa por su aporte patrio… y en contradicción, parte de su liberación se dice que es culpable de la crisis interna que vive la familia hoy en día.

Las trabajadoras domésticas y no sexuales son sustitutas en los quehaceres domésticos de la esposa, de la madre y hasta de la abuela que muchas veces carga con la atención de los niños. De las áreas indígenas también trajeron infantes para ser criados y educados, pero quedaron como aseadores, jardineros o con el Mantenimiento general del chalet. Pero no todo es amargo, la historia cuenta de excelentes trabajadoras domésticas que dedicaron su vida al servicio familiar y que al final recibieron reconocimiento y formaron parte de la herencia.

Yo estimo que el trabajo doméstico no debe ser regulado, obedece a la excepción de toda norma laboral y que cada vez que se meten con el derecho interno de la familia pasa una hecatombe como dice la gente de la ley Teresita, además toda esta fuerza de trabajo doméstico se ha desplazado hacia los almacenes, supermercados y negocio de comidas rápidas. En todo caso, el proyecto de ley de la Honorable Gómez sería para las jóvenes extranjeras que ven en el trabajo doméstico un puente hacia la conquista del sueño panameño “Vivir de los recursos del Canal”. Ese es el problema, nos hemos olvidado de la competitividad y del mérito, pensemos en escuelas y en universidades y así no seremos ni el juguete vil de las pasiones ni el esclavo servil de los tiranos.

El asunto es complicado porque no puede mejorarse la relación de pareja de las empleadas domésticas como le interesa al proyecto afectando la vida familiar de los patrones. Las empleadas domésticas siempre han tenido libre un día y medio en la semana más el tarrantantán de fiestas y patronales que adornan nuestro calendario, por lo que aquí no se puede decir que tienen una vida esclavizada.

Pensamos que sí debe haber un acuerdo notariado de las obligaciones que según su capacidad económica acepta compensar la patrona. Si la trabajadora es menor de edad junto con su compensación será considerada parte de la familia y si es mayor de edad el acuerdo será por mutuo consentimiento y notariado.

Emulando al Seguro Social, el Ministerio de Salud podría crear nuevos programas de invalidez, vejez y muerte con una pensión para que después de quince o veinte años de servicio doméstico puedan retirarse a pasar sus últimos años con decoro.

Con un nuevo sistema de pensión pública de la salud, los nuevos cotizantes fortalecerían a un Ministerio que le urge renovación.

Periodista

 

 

 

 

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Martes 14 de julio de 2026