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María, la madre de Jesús


Rómulo Emiliani, cmf. (opinion@epasa.com) / Monseñor.

Es increíblemente maravilloso ver como Dios utilizó a una joven campesina, sencilla y humilde llamada María para que la salvación entrara a este mundo, para que el Verbo se hiciera carne. Dios, por medio de ella, logró hacer historia concreta, personal en Cristo. Jesús, el Hijo de Dios, nació del seno virginal de María. A partir del momento en que ella lanzó la frase “Yo soy la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”, el Verbo se hizo carne en ella y Cristo Jesús, el Señor, comenzó a desarrollarse, a gestarse en el seno virginal de María.

María era una mujer mística, de oración profunda. Es en ese clima que experimentó cómo Dios, el verbo, se hacía carne en ella. Luego, nació el niño en una cueva y María, la madre de Dios, estaba sumisa totalmente al Señor. Ella no protestó, sino que aceptó sin cuestionar que su hijo naciera en una cueva. María era una mujer increíblemente maravillosa y obediente, y se acomodó a su situación. No se lamentó, sino que profundizó en su corazón que lo importante era que su hijo naciera, no importaba el lugar. Lo importante era que ella era su madre, que la salvación del mundo había llegado.

Después de la amenaza de Herodes, que mandó a matar a los niños de Belén, María huyó con José y el niño Jesús a Egipto.

Seguramente, María santísima tendría que haber trabajado en los oficios más humildes que usted se puede imaginar; aún siendo madre de Dios, no protestó ni exigió nada a Dios. María obedeció y se acomodó a su situación de emigrante en Egipto.

Cuando José, María y el niño Jesús regresaron a Nazaret, José trabajaba como carpintero y María y el niño Jesús ayudaban en el taller. Pero cuando regresaban a Jerusalén, al volver en la caravana, María encontró que Jesús había desaparecido. Volvieron a buscarlo y lo encontraron en el templo enseñando a los doctores de Israel. Ella, sorprendida, le preguntó por qué había abandonado la caravana sin avisar. Jesús le contestó que debía cumplir primero la voluntad de su Padre.

A los doce años de Jesús, María entendió lo que toda madre debe comprender. Hay dos partos en la madre, un parto físico y el otro sicológico. Muchas veces es más doloroso el parto sicológico que el físico. ¿Cuál es el parto sicológico? Pues, en el caso de María, ella entendió que él comenzaba a tener cierta autonomía e independencia y que esto iba a aumentar a medida que alcanzara más edad. María entendió que su hijo era Hijo de Dios y que no era simplemente para ella, sino para la vida y para la humanidad, y toda madre debe comprender eso. María es la persona que más cercana está a Jesús.

Monseñor.