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María, la madre de Jesús (II)


Cuando José, María y el niño Jesús regresaron a Nazaret, José trabajaba como carpintero y María y el niño Jesús ayudaban en el taller. Pero cuando regresaban a Jerusalén, al volver en la caravana, María encontró que Jesús había desaparecido. Volvieron a buscarlo y lo encontraron en el templo enseñando a los doctores de Israel. Ella, sorprendida, le preguntó por qué había abandonado la caravana sin avisar. Jesús le contestó que debía cumplir primero la voluntad de su Padre. Dice la Palabra que María guardaba todo eso en su corazón.

A los doce años de Jesús, María entendió lo que toda madre debe comprender. Hay dos partos en la madre, uno parto físico, y el otro psicológico. Muchas veces es más doloroso el parto psicológico que el físico. ¿Cuál es el parto psicológico? Pues, en el caso de María, ella comprendió y aceptó que su hijo no era simplemente un niñito que iba a estar siempre bajo su amparo. Ella entendió que él comenzaba a tener cierta autonomía e independencia y que esto iba a aumentar a medida que alcanzara más edad. María entendió que su hijo era Hijo de Dios y que no era simplemente para ella, sino para la vida y para la humanidad, y toda madre debe comprender eso. La madre tiene que entender que su hijo no es para ella por siempre sino para la vida. El hijo necesita su independencia y su autonomía. Es muy importante que se forme a los hijos para la libertad. Se le hace muchísimo daño a un niño o una niña que está siempre bajo el amparo de su madre y no puede pensar ni decidir por sí mismo. Desgraciadamente, estos casos son muy comunes. Hay muchos adultos que todavía dependen de su madre, hasta para decidir las cosas más elementales de la vida y eso refleja un inmadurez tremenda. María Santísima, madre de Dios y madre nuestra, tiene también otra cosa muy linda. Sabe usted que Jesús, el Hijo de Dios, amó y ama siempre. Y el amor de Dios es un amor sin límites, claro que sí. Pero en la parte humana, la parte psicológica, la sensibilidad de Cristo, la ternura de Jesús dependió en gran parte de su mamá. Como Hijo de Dios, como Verbo Encarnado, siempre amó, pero la forma de amar tierna, el vibrar ante el sufrimiento del prójimo, el llorar ante la tumba de Lázaro, el abrazar a los niños, ese hombre tan fuerte y vigoroso y al mismo tiempo tan tierno y cariñoso se desarrolló así en gran parte gracias a su madre, quien le transmitió valores muy profundos, valores muy humanos. Por eso Dios escogió a la mujer más santa para que formara y educara a Jesús.

(Sigue el próximo sábado).