María, mujer de esperanza

Por: Redacción 07/10/2017

La Virgen María, desde las primeras páginas del Evangelio, vive de la fe y la esperanza. Cuando el ángel Gabriel le manifestó a María que de su vientre virginal iba a nacer el Salvador, sin concurso de varón, ella no entendía cómo podría ser eso; pero creyó fielmente y aceptó la voluntad de Dios. Cuando el niño Jesús nació, llegaron los pastorcitos y Reyes Magos a adorarlo. María sabía que su hijo era, simplemente, un niño pobre, envuelto en pañales, acostado en un pesebre y quien no tenía ninguna pinta de rey ni de Mesías. Según las evidencias humanas, era un niño normal y María no podía ver nada diferente en ese momento. Aun así, María creyó que era el Mesías.

En la etapa de su vida pública, Cristo hacía curaciones y milagros; pero también se cansaba, se fatigaba y se entristecía mucho cuando lo atacaban con calumnias e infamias. No todo el mundo andaba detrás de Jesús, sino que algunos lo llamaban loco y hasta Belcebú (príncipe de las tinieblas) y tramaban su muerte. Pero ella creyó que Cristo, en verdad, era el Mesías, aunque no lo viera así. Cuando Jesús murió, su cuerpo lo envolvieron y lo embalsamaron para ponerlo en un sepulcro. ¡Imagínese lo que pensó y sintió María en su corazón en esos momentos! María experimentó el inmenso dolor de tener en sus brazos a su hijo muerto. María creyó plenamente en el poder de Dios Padre, que hizo que el Verbo se hiciera carne en su vientre virginal; creyó que su hijo muerto iba a resucitar al tercer día, según las promesas bíblicas, y según Él mismo dijo. Esa creencia es fruto de la virtud de la esperanza que proviene del poder de Dios y no se basa en puras situaciones humanas. La esperanza de María estaba fundamentada en la fe y ella la puso en movimiento al máximo. ¡María creyó firmemente que su hijo muerto resucitaría!

He aquí la raíz de la fe y la esperanza del cristiano, o sea, la esencia de la virtud de la esperanza. Creer firmemente con una certeza total y absoluta, como María. Cuando Cristo Jesús resucitó a Lázaro, cuando levantó de la camilla al paralítico, cuando multiplicó los panes, cuando expulsó demonios, lo hizo movido por una certeza y una seguridad total en el poder de Dios. A esa fe y esperanza es que me refiero.

La prueba clara de que una persona está dentro de la dimensión cristiana es que tiene la clase de fe que se traduce en una esperanza total y una certeza absoluta en el poder de Dios.  Esa es la esperanza de la Virgen María, Madre de Dios, ante el cadáver de Cristo, por la que creyó firmemente que su hijo muerto iba a resucitar. ¡Y resucitó al tercer día! Por eso, Jesús resucitado nunca se aparece a María, sino que se aparece a los apóstoles; porque la Virgen María no necesitó de ninguna aparición para creer.

Hermanos, es una de dos cosas: o Dios tiene todo el poder y la gloria y lo puede hacer todo o es un Dios a medias y no es auténtico. Debe tener una fe total en el poder de Dios. En la medida en que su fe aumente, su esperanza se activa y Dios hará una obra impresionante a través suyo. Recuerde que solo con Dios, usted es ¡invencible!

Edición Impresa

Lunes 13 de julio de 2026