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Mario Rognoni

Por: Redacción 27/10/2016

Desde hace un poco más de un año, la nueva dinámica de mis actividades radiales me impidieron conversar como hacía casi a diario con el recordado ingeniero Mario Rognoni. Es que Mario, como le gustaba que le dijera, a pesar de que a mí me gustaba poner el don adelante, nunca fue mezquino para conmigo y se lo agradeceré siempre.

don Mario tuvo su primera experiencia profesional, luego de regresar al país con el padre de mi primer empleador, compartíamos título profesional y el gusto por los medios de comunicación. No oculto mi altísimo nivel de admiración por su capacidad analítica y forma clara de plantear sus ideas y conclusiones sobre los temas.

Lo primero que aprendí era su concepto de amistad. Tenía una historia que terminaba en "…es que yo soy amigo de mis amigos", que lo hice contarla no menos de 3 veces en radio. No tengo amistad con Rubén Murgas, y confieso que tampoco me interesa buscar la misma, pero en casi todas sus historias salía su nombre, al igual que Leo Gutiérrez, para quien tengo una entrañable admiración y respeto. Es que sus amigos verdaderos estuvieron con él en las buenas y las malas, y eso porque así lo entendía.

Tuve la oportunidad de conversar con él de casi todos los temas de la historia política de este país. Se llevó mucho que nunca se sabrá, sobre todo, sus grandes esfuerzos para evitar los excesos de quienes, a punta de sangre y fuego, creyeron que los intereses del país eran los mismos que sus intereses cuartelarios.

Una vez me contó cómo medía la popularidad de un candidato. Si iba a su casa, se reunía con él y luego, caminaba por los alrededores preguntando si vivían o trabajaban por ahí y si conocían al posible candidato. Siempre funcionaba, me decía, si los vecinos no sabían quién era, mejor ni seguir.

En un gesto que lo reflejaba como dialogante y tolerante, accede a ser secretario de comunicación del Estado del gobierno de Mireya Moscoso, cuando se inicia en un ciclo de comunicación política que ha sido de base hasta el día de hoy en dicho puesto.

Para mí, lo más importante de don Mario eran sus planteamientos autocríticos para con el Partido Revolucionario Democrático, su organización política. Quizás, de haberlo escuchado, ese colectivo habría pasado varias administraciones en el poder. Pero la pequeñez de ciertos dirigentes y asesores no permitió que los consejos llegaran a su destino. Espero algún día tener esa capacidad de claridad, síntesis y análisis que reflejaba en cada columna que publicaba en diferentes diarios y que eran piezas de comentario obligatorio en cuanto programa de opinión hay.

Su claridad sobre la importancia de Panamá en el concierto de las naciones del mundo era especial. Siempre me hablaba de lo importante de saber lo que pasa a nuestro alrededor porque, al final, eso era lo que influía las políticas públicas de nuestros gobiernos.

Don Mario siempre tuvo la amabilidad de corregir mis falencias en radio, con la sapiencia de un maestro que quiere que su alumno sea mejor. Era prudente en el comentario, pero ágil y sagaz a la hora de sentenciar sobre un tema.

Voy a extrañar mucho a don Mario. Al igual que Jesús Labastidas, David Serrano y Miguel Fernández, me obligan a ser cada vez mejor, en su memoria.

Hay que elevar el nivel de la discusión política en este país. La contribución de don Mario para los que seguimos, es de entender de sus errores, aprender y mejorar sus aciertos, y sobre todo, ser generosos con las siguientes generaciones, tal como Mario lo fue conmigo.

Pásala bien, don Mario.
Ingeniero. Consultor-Estratega Político.
 
Ingeniero. Consultor-Estratega Político.

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