Más allá de querer cerveza
Uno de estos sábados estaba viendo la TV, como pocas veces. Lo hacía de reojo, mientras escribía en el ordenador, pero la vista es necia y mis oídos más, a veces creo que tengo canales agudos adentro de mi sentido auditivo y escucho lo que no debo. En ese momento, se transmitía en un canal de alta audiencia un concurso denominado "Doblando el hit", segmento de un programa de producción nacional.
La dinámica consistía en que las personas enviaban videos en los que se grababan imitando a un cantante. Mientras cada participante hacía su presentación en el estudio, una joven escogió imitar a una niña peruana (2008), quien cantaba una canción cuyo coro decía: "Cerveza, cerveza, quiero tomar cerveza...". Dejé mis demonios tranquilos por un rato, pensando que la persona que la interpretaba era adulta y el video casero no tenía nada extraordinario. No obstante, pasado un momento, me percaté de que el video que finalmente evaluaba el jurado se trataba de una producción del canal, es ahí cuando mi sorpresa encontró matices de palabras que rayan con mi poca dulzura.
En el segundo video, claramente se observaban las animaciones y efectos, la joven intérprete estaba vestida con una nagua de la etnia ngäbe-buglé, en la cabeza llevaba un sombrero confeccionado con mola y plumaje; sus movimientos simulaban a una mujer indígena que estaba bajo los efectos del alcohol. Quedé tan pasmada que apenas me dio tiempo de llamar a mi pareja para que viera lo que sucedía. Al día siguiente, estando en casa de un familiar, pude ver la retransmisión de dicho programa, esto me permitió regrabar con mi teléfono móvil lo que para mí es una falta a la dignidad de la mujer, en especial, de las mujeres indígenas.
Es una escena discriminatoria que no solo habla de la poca creatividad de una producción que, en su mediocridad, recurre a la reproducción de estereotipos, denigrando a poblaciones vulnerabilizadas por las políticas económicas que les sumen en condiciones de pobreza. Escenas como la señalada van en contra de los esfuerzos de las organizaciones que luchan por el respeto del ser humano en todas sus dimensiones. Un acto como tal no puede ser aplaudible, pese a que a una jurado del concurso, cantante nacional reconocida, ¡le pareció chistoso!
La Ley 82 del 24 de octubre de 2013, que adopta medidas de prevención contra la violencia en las mujeres y reforma el Código Penal para tipificar el femicidio y sancionar los hechos de violencia contra la mujer, reconoce el concepto de "violencia mediática". Lo define como la publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipadas a través de cualquier medio masivo de comunicación que promuevan la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, legitimando la desigualdad de trato o que construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres.
La aplicación de esta ley es urgente para frenar este tipo de acontecimientos. Pese a las luchas del movimiento feminista panameño, aún no se alcanza su reglamentación, lo cual le brindaría a la sociedad mayores herramientas para erradicar estos estereotipos y la discriminación, con formación y orientación.
El texto de la Ley 82 apunta a "velar que los medios de comunicación no fomenten la violencia contra las mujeres y que contribuyan a la erradicación de todos los tipos de violencia, para fortalecer el respeto a los derechos humanos y a la dignidad de las mujeres, y denunciar la violación de cualquier disposición de esta ley por parte de un medio de comunicación".
El Ministerio de Gobierno tiene la obligación de multar a los medios de comunicación que incurran en discriminación o violencia contra las mujeres, determinando el monto de la multa en proporción a la gravedad de la falta, y el Consejo Nacional de Periodismo también tiene funciones que contempla dicha ley. Entre otras medidas, debe promover en dichos medios el respeto por los derechos humanos de las mujeres y sensibilizar a los directivos, técnicos y gremios profesionales de la comunicación para que promuevan una imagen respetuosa de las mujeres.
No se trata de la mención de la palabra cerveza ni de hablar de moralismos, hagamos el ejercicio de mirar tras esa escena la discriminación que existe, se normaliza y aplaude. Tampoco de generalizar, conozco excelentes profesionales que laboran en dicho canal televisivo.
Casos como este evidencian que la reglamentación de la Ley 82 es urgente, que en materia de prevención hay mucho que hacer para construir relaciones que nos aporten una sana convivencia, y que los medios de comunicación, con su influencia y los profesionales que laboran en dichas empresas, contribuyan a ejercer su papel en la sociedad.
Comunicadora y miembro del Espacio de Encuentro de Mujeres -EEM