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Más desaciertos

Por: Redacción 13/10/2014

El protagonismo publicitario de Juan Carlos Varela no tiene límites. Viajó a Houston para ver asuntos del ébola, que corresponden al ministro de Salud, Javier Terrientes y a las autoridades del área, ausentes en la importante reunión. Si el objetivo del viaje es gestionar la asistencia técnica del Centro del Control de Enfermedades de Atlanta, la presencia del Minsa resulta de importancia capital para el asesoramiento técnico en el control y tratamiento de las contaminaciones producidas por Hantavirus, dengue, chikungunya y leptospirosis, que afectan a Panamá y, eventualmente, ébola. Pero Varela se inmiscuye en la competencia técnica del Minsa y al mismo tiempo debilita el control fronterizo del Darién, donde ingresan ilegalmente africanos potencialmente portadores del terrible ébola que se está esparciendo en diversos lugares del mundo. El Senafront ha reducido su labor en la frontera con Colombia, por decisión del régimen de Varela, abriendo un forado peligroso para la salud y el narcotráfico, en otra de las erróneas medidas del gobierno panameñista dedicado a la subasta de diputados del PRD para comprar votos y así, inconstitucionalmente, lograr el nombramiento de su candidato favorito a la Contraloría.

Por otro lado, el mandatario hasta el momento no dice una palabra en forma oficial sobre la inamistosa posición de su amigo el presidente colombiano, Juan Manuel Santos. Mientras la calificación de paraíso fiscal deteriora la imagen internacional de Panamá y nos provoca delicados perjuicios financieros, el presidente Varela no asume su responsabilidad constitucional de director de la política exterior. Economistas, abogados, políticos, la comunidad panameña, en resumen, demanda una respuesta enérgica del Gobierno panameño. A pesar de la incómoda posición en que nos coloca Colombia, el presidente de Panamá sube a un avión para marcar presencia publicitaria en reuniones internacionales donde, indudablemente, evidenciará que es lego en la materia.

Todos vemos que Varela no pierde ninguna ocasión de viajar al extranjero. La primera dama viajó a la república de Taiwán donde solo puede degustar comida china, ya que carece de autoridad legal para asumir compromisos ajenos a su despacho. Hay que poner las cosas en su sitio, respetando esferas específicas de deberes y obligaciones constitucionales. El ordenamiento jurídico está de cabeza por la inversión de los roles y competencias gubernamentales. Nos amenazan desde el extranjero con calificativos desdorosos al prestigio de Panamá como escenario del sistema de economía libre. El silencio es más elocuente que mil palabras. Hemos recibido una puñalada en la espalda por abrir las puertas a las inversiones colombianas en la banca, industria, comercio, servicios, transporte terrestre y marítimo.

Los inversionistas colombianos y extranjeros encuentran en Panamá un tratamiento tributario atractivo y una estructura legal transparente para fundar sociedades y realizar operaciones dentro del marco del ordenamiento jurídico internacional. Panamá ha suscrito convenios de intercambio de información fiscal con los más importantes y celosos países de la región con el fin de intercambiar comunicaciones si se detectara la filtración de dinero del crimen organizado y de financiamiento del terrorismo internacional. En ese campo y en otros, Colombia no puede darle lecciones de transparencia a Panamá. Acá no se debate como allá por denuncias de apoyo financiero de los carteles del narcotráfico. En las recientes elecciones colombianas se cruzaron imputaciones de grueso calibre. Pero tenemos gobernantes que no aclaran las cosas. Los grandes donantes de campaña no quieren fricciones que puedan pesar sobre sus negocios.

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