Más energía y más barata
Un tema que incide directamente sobre nuestras aspiraciones de un desarrollo económico con justicia y paz, es el relacionado con la política energética. No es posible imaginar que un país logre altos grados de inversión y amplios niveles de bienestar cuando tiene exorbitantes y anticompetitivas tarifas eléctricas, o cuando no cuenta con formas de ampliar una oferta de energía que cubra sus necesidades presentes y futuras. En el caso de Panamá, tenemos lo peor en ambos sentidos. Mientras por un lado contamos con los precios de electricidad más altos de la región, por el otro interponemos toda clase de obstáculos a la ejecución de proyectos para generar la energía adicional necesaria para respaldar el crecimiento económico.
Panamá es un país que cuenta con suficiente agua disponible para la instalación de hidroeléctricas que disminuyan nuestra dependencia de las contaminantes y caras plantas de energía térmica. En esa dirección ya avanzan varios proyectos que representan la oportunidad de revertir la situación actual de electricidad cara e insuficiente.
En su ejecución tenemos que evitar daños al medio ambiente, pero estos no serán nunca mayores que los provocados con la multiplicación de plantas térmicas para atender la demanda adicional. Paralizar estos proyectos nos conduce inevitablemente a precios más altos para el consumidor por la necesidad de importar energía cara para satisfacer la demanda.
