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Me opongo, porque sí...


Era inevitable no tratar el tema. La política partidista se adelantó y no es necesario esperar el 2014 para escuchar discursos de barricada que solo buscan ganar simpatía ante los electores.

La guerra mediática se destapó y todos se acusan entre sí. No importan las banderas políticas, ni las alianzas y menos se habla de lealtad.

Algunos políticos son especialistas en repetir los mismos mensajes hasta la saciedad, con algunas variaciones dependiendo si están en gobierno u oposición.

Pueden pasar de la canasta básica a los problemas del transporte con una facilidad asombrosa. Muchos de ellos tienen esa habilidad de montarse en los temas del momento y opinar de cualquier cosa.

Se tranforman en especialistas en tratados comerciales, temas de seguridad y manejo de la justicia.

Algunos de ellos, ahora sentados en la silla oficialista, también tienen esa virtud de defender cualquier decisión si es buena o mala, realmente no importa solo hay que defenderla.

En Panamá es muy común denunciar y acusar por percepción, una mala práctica que perjudica al país. Las disputas internas de los partidos políticos ya se ventilan sin reparo en cualquier esquina, los espectáculos donde sobran los insultos y las agresiones físicas parecen formar parte de un escenario normal.

En medio de toda la tormenta están los ciudadanos que solo reclaman atención por parte del Estado.

No solo se trata de aumentar impuestos o promover millonarios proyectos sociales, también exigen más educación y mejores servicios de salud.

En los países más desarrollados, los políticos de oposición no solo critican las acciones de los gobernantes de turno, sino que hacen propuestas y mantienen hojas de ruta de los temas de Estado.

Si Panamá crece como país, también salen ganando los políticos sin importar su tendencia o su ideología.