Medellín: Solución o encubrimiento
Está de moda citar a Medellín como el ejemplo a copiar para salvar la destartalada administración del Municipio de Panamá. Siempre es bueno “inspirarse en modelos exitosos”, pero importarlos a la ligera, o por el impulso de intereses políticos sectarios o por el ansia de ganancias económicas, puede ser contraproducente y hasta catastrófico.
La crisis del principal municipio del país tiene orígenes específicos que no deben ser ignorados y, mucho menos, cubiertos con una supuesta manta milagrosa. Todo comenzó o, mejor decir, se agravó con el problema de la recolección de la basura. Esa fue “la punta de iceberg”. ¿Era toda la culpa del alcalde Vallarino? No le creo así. Está sustanciado y comprobado que el factor principal del caótico estado de la Dirección Municipal del Aseo Urbano (DIMAUD) era la escasez de equipos y su incapacidad para adquirirlos, debida a la alta morosidad de los recipientes del servicio, encabezada, en primerísimo lugar, el propio gobierno central.
Que al alcalde le faltó agresividad para denunciar el problema con todos sus pelos y señales y enfrentarlo con mayor decisión, eso es indiscutible; pero también lo es que “otros sectores del gobierno” propiciaron su agravamiento y hasta lo azuzaron para “llevar agua a su molino”. La primera embestida estaba encaminada a deponer al alcalde. Si se encargaba su suplente o se “inventaba” otra fórmula era lo de menos. En ese evento, el control de la alcaldía hubiera pasado del panameñismo a Cambio Democrático.
La reacción evasiva de la dirigencia panameñista, de “dejar a su suerte al alcalde”, aparte de bisoña era políticamente suicida, pero no duró mucho tiempo. Ante la perspectiva de perder su único verdadero bastión político la reconsideración no se hizo esperar y fue así que surgió el “plan de rescate”, para “salvar la imagen de la alcaldía” y evitar, se presume, el daño colateral sobre las aspiraciones futuras del señor Varela.
Pero, si, como se dice, está en marcha, “el plan de rescate” entonces, ¿dónde encaja la creación de la Autoridad de la Basura? En buenas cuentas, si al municipio lo despojan de su actividad más visible, cuya solución sí ganaría puntos políticos al partido panameñista, ¿de qué servirían las cacareadas soluciones importadas de Medellín?
Mi apreciación es que la crisis del municipio capitalino es el reflejo de una pugna, que ya se vislumbra, pero que, con seguridad, se incrementará entre las diferentes fuerzas que integran la Alianza del Cambio, en la medida en que se aproxime la próxima contienda electoral. El control del futuro negocio de la basura es apenas un reflejo incipiente; el tiempo se encargará de demostrarlo.
Nunca he descartado que, por interés propio o porque “sus bases se lo demanden” la posible reelección del señor Martinelli vuelva al tapete político. Y tampoco, he creído que el señor Varela tenga asegurada la cabeza de nómina oficialista en el 2014. Son muchos los intereses que se mueven tras bambalinas. El control del poder político, en nuestro país, no es un concurso de altruismos ni de desprendimientos, sino una descarnada lucha por espacios y ventajas económicas. Así ha sido durante toda nuestra existencia como país. Y salvo que se produzca una mutación de las actuales dirigencias de nuestra fauna política, por un milagro en el que nadie cree, el credo vigente seguirá siendo la defensa de los intereses, que en su momento volverán a aflorar con toda su descarnada crudeza.
El municipio de Panamá es solo un ensayo preliminar.
