Medias verdades
Cuando se manipula información para hacer daño a alguien sin importar las consecuencias, se corre el grave riesgo de perder la credibilidad.
Para un medio de comunicación la credibilidad es su bien más preciado. Autoproclamarse “independiente” y creerse único dueño de la verdad es a veces un poco irónico cuando se contrasta con la realidad.
En ocasiones detrás de esas palabras sobran los conflictos de intereses que se mueven con más frecuencia de lo que la sociedad se imagina.
En ese afán de desacreditar gobiernos y presidentes se puede cometer errores garrafales como dar por hecho acusaciones que carecen de todo sustento.
Uno de los principios básicos del periodismo es confirmar cada dato o información.
Cuando el pasado miércoles la única imputada en el caso de Financial Pacific, Mayté Puerta Pellegrini, se retracta de unas declaraciones en las que mencionaba al presidente de la República, Ricardo Martinelli, quedó muy claro que algunos medios están obsesionados con desprestigiar utilizando los “rumores” como hechos ciertos.
En esa obsesión también le están haciendo un daño terrible al país y lo peor es que están conscientes de ello.
Si en verdad se busca defender la democracia, entonces, es necesario cumplir como ciudadanos y hacer cosas tan simples como pagar los impuestos al fisco.
No se puede hablar de honestidad y transparencia cuando se amasan fortunas evadiendo impuestos.
También resulta irónico exigir respeto al libre tránsito cuando hacen “donaciones” y financian a grupos que utilizan los cierres de calles como su principal alternativa de presión.
Hay que ser más coherentes con los mensajes y respetar la verdad.