Medidor del desarrollo de un pueblo
Por una discusión en una red social sobre si los panameños somos o no cochinos, entendiéndose el vocablo en el sentido de casi carentes de cultura de limpieza pública, nacen estas líneas.
Confrontamos que cuando hay eventos públicos en los que se reparte papelería, botellas de agua, refrescos y otros artículos, los sitios donde hay recipientes para la basura no están en el área, sino en la periferia, y mientras que uno se prepara para dejar el lugar, verificar que no se le quede nada y sobre todo si se va con niños? aquellos artículos que se nos van cayendo de las manos por olvido, o a propósito, dejan su fase útil y forman basura.
Nos duele ver que nuestros conciudadanos no recogen la basura, sino que asumen que otro lo hará. Sabemos que eso es un comportamiento muy común. Intentemos desglosar la idea.
La primera escuela, la que se inicia de 0 a 6 años, es la casa. Si no tenemos los hábitos de higiene personal y pública definidos, esas criaturas crecerán, por decirlo de una manera, analfabetos hacia la higiene. O sea, no se dan cuenta de que se pasó la línea de lo bueno a lo malo. Árbol que crece torcido?
La segunda escuela, el entorno que rodea a los niños entre 0 y 18 años, los vecinos, el vecindario, el barrio propio o el de los amiguitos, el que rodea el centro educativo? Si en esos sitios predomina el analfabetismo del aseo, tendremos a un niño, que crece en un medio y en un ambiente que tienen un problema con la autoestima.
La tercera escuela, donde se desenvolverán los niños, los jóvenes, va de los 7 a los 18 o hasta los 23-25 años si llega a alguna universidad. En estos sitios no se enseña lo que debió aprenderse en casa. En algunos casos y dependiendo de la propia formación de los docentes, se puede reforzar eso. Más nada. Ver el estado de limpieza de un centro educativo de cualquier nivel y en donde esté ubicado es una señal de su cultura de higiene.
Hemos introducido dos palabras fuertes: analfabetismo y autoestima. También merecen unas líneas.
Analfabeta se aplica hoy día no solo a quienes no saben leer ni escribir, sino también a las personas que en tiempos tecnológicos, conectivos, de calidad total, siguen sin saber lo mínimo de las herramientas informáticas, tecnológicas o de internet. Englobándolos, son analfabetas informáticos. Y así también ocurre con otras disciplinas. No es un insulto; es una manera de dar a entender una situación o síntoma.
La autoestima es un vocablo que a veces falla por intentar emplearlo para fines que van más allá de simple analogía. Es el valor que me doy a mí mismo y no en dinero, sino en dignidad, respeto; la manera en que irradio mi confianza al vivir e interactuar en sociedad. Y esta debe estar correctamente potenciada para no derivar en otros problemas como una aparente alta autoestima que disfraza traumas o complejos.
La autoestima, aplicada con ética a la vida diaria, es como decir "me respeto y sé lo que valgo como persona; lo mostraré en mi persona, forma de vestir, actuar, trabajar? hasta en mi forma de caminar irradiaré mi autoestima como signo de mí mismo.
Lo irradiaré en lo que me rodea: el aseo de mi casa, sitio de trabajo, mi comportamiento social. Quedará en evidencia que soy un agente social positivo, que da buen ejemplo, que es parte de las soluciones y no de los problemas. Lo haré porque creo en ello y no con intención de agradar a nadie".
¿Se dieron cuenta?
De la expresión pública de nuestros hábitos de aseo en un evento que luego queda todo sucio porque no llevamos la basura a su lugar (con lo cual seríamos desaseados, o como nos gusta decir a los panameños, "cochinos"), hemos viajado al analfabetismo de la higiene y a la autoestima de lo que proyecto por convicción. Todos nosotros, por supuesto, liderados por las autoridades y clubes cívicos deberíamos unirnos no a criticar, sino a detectar el origen del problema y hacer programas sociales y escolares para darles solución, construyendo una cultura de la higiene tanto personal como pública. Ética de la higiene: poner cargo a disposición si te investigan. Sí.
Cuando uno ensucia su propio país, o bien si uno contribuye a minimizar este problema, llegará a existir quien diga que parecemos "monos", que en sí no es un insulto, sino un llamado de atención: estaremos actuando como si no fuésemos racionales. Espero haberme expresado bien. Últimamente cuando uno toca un tema sensible, todo el mundo se siente ofendido. Hay que hacer algo al respecto.
Yo estoy dando una alerta. ¿Quién hace algo más?
Panameño. Investigador de Historia.