Medio ambiente, ganancias y consumo no esencial
En una reciente conferencia dedicada a los problemas ambientales, realizada en Londres entre el 26 y el 29 de marzo del año en curso bajo el título de “El planeta bajo presión”, cerca de 3000 científicos vinculados con el tema, volvieron a llamar la atención sobre los peligros generados por la actividad humana que apuntan hacia un deterioro fundamental del ecosistema. Se trata de una perspectiva que de concretarse nos llevaría a enfrentar una verdadera falta estructural en la disponibilidad de agua, alimentos y otros servicios esenciales que nos ofrece el ecosistema.
Algunos de estos científicos fueron todavía más lejos, destacando la posibilidad de que estemos cerca de sobrepasar algunos puntos de no retorno, a partir de donde los procesos de retroalimentación llevarían de manera irremediable e irreversible a profundizar los problemas del medio ambiente, hasta generar una situación en que desaparezcan las condiciones ecológicas que han permitido el desarrollo de la civilización humana en los últimos siglos. Entre este grupo de científicos se destaca Will Steffen, director ejecutivo del Instituto para el Cambio Climático de la Universidad Nacional de Australia, quien afirmó en la conferencia que de no cambiarse las actuales curvas del desarrollo de los fenómenos los problemas del calentamiento global cruzarán el umbral crítico en la próxima década a más tardar.
La urgencia de enfrentar estos problemas lleva, de manera natural, a tratar de entender sus causas. Entre estas muchos autores y comentaristas tienden a destacar al tamaño de la población mundial y su crecimiento como la causa principal de las dificultades. Sin intentar negar la importancia de la dinámica de la población en la investigación de las tendencias que se comentan, se puede afirmar que se trata de una posición que, siguiendo las huellas de Thomas Robert Malthus, olvida un factor crucial para la explicación de los fenómenos. El mismo se visibiliza al tener en cuenta que Fred Magdoff, utilizando datos del Banco Mundial, ha demostrado que el 10% más rico de la población mundial realiza aproximadamente el 59% de todo el consumo global y es, por tanto, responsable de cerca del 60% de la contaminación a nivel planetario. En contraste el 40% más pobre de la población mundial solo explica el 5% de dicho consumo global.
Estamos así frente a un sistema que no solo produce pobreza y carencias en un polo, sino que también genera un consumismo extremo en el otro. Se trata de un modelo estructural que no ve en la mayor parte de la población del mundo más que una simple fuente, activa o en reserva, de mano de obra barata, mientras que, por medio de la manipulación mediática y el desarrollo de una cultura profundamente individualista, empuja a aquella parte de la población con capacidad adquisitiva hacia un consumismo enajenante, que nada tiene que ver con el desarrollo de las potencialidades humanas. La fuente del problema reside, entonces, en un sistema cuyo único objetivo es la creciente ganancia, que está al borde de destruir todo rasgo de civilización.
Economista
