Medioambiente, acumulación y consumismo
En un reciente artículo titulado La Emergencia Planetaria, John Bellamy Foster y Bert Clark vuelven a advertir sobre los peligros del calentamiento global. En el mismo le recuerda al lector que a partir de un incremento en la temperatura terrestre de dos grados centígrados sobre el nivel previo a la revolución industrial, aparecerán fenómenos de retroalimentación imposibles de evitar, que generarían lo que se podría considerar como un Armagedón ecológico.
A esto agregan que de acuerdo a estudios realizados en la Universidad de Oxford esta posibilidad, en el mejor de los escenarios, se concretaría cuando la concentración de bióxido de carbono en la atmósfera alcance a un billón (millón de millones) de toneladas métricas, en condiciones de que esa misma fuente prevé que, de mantenerse la actual pauta de emisión de gases invernadero, esa marca se haría realidad alrededor del año 2043, es decir dentro de apenas treinta y un años. En un escenario menos favorable, el punto crítico aparecería en el 2028 con una concentración de 750 mil millones de toneladas, es decir dentro de dieciséis años. Resultaría, entonces, imprescindible actuar con la decisión suficiente para reducir la emisión de gases invernadero a un ritmo de cerca del 5.3% anual.
Esto último, desgraciadamente, choca con la lógica de la sociedad de consumo, la cual se sostiene en formas productivas depredadoras del medioambiente. Se trata de un consumo que además de sesgado, en el sentido que excluye las necesidades más vitales de los más necesitados, está constituido en buena medida por bienes innecesarios, de escaso o nulo valor de uso, cuando se toma en cuenta el verdadero desarrollo de las potencialidades humanas.
El origen de este creciente consumo, que siguiendo a Veblen podríamos calificar de conspicuo, no es, como pretende la llamada tesis de la soberanía del consumidor, un simple resultado de la naturaleza humana expresada en la acción de agentes económicos racionales, que también cuentan con preferencias propias bien estructuradas, así como con información perfecta. Por el contrario, se trata del producto de la maquinaria de propaganda, que utilizando métodos sutiles de manipulación basados en la exacerbación de la competencia y en la enajenación y el vacío que genera la vida moderna, produce en los individuos una verdadera compulsión hacia el consumo. Se trata, por ejemplo, de la llamada obsolescencia sicológica, por medio de la cual se induce al consumidor a desechar lo que considera su viejo modelo de teléfono celular por otro que se le presenta como el último y más moderno.
Tras la maquinaria de la propaganda se encuentra el actual orden económico, el que solo puede sobrevivir expandiendo de manera incesante la producción y la acumulación de ganancias, para lo cual necesita que quienes tengan capacidad adquisitiva también incrementen su consumo de manera continua, generándose así los conocidos fenómenos de degradación ambiental. Resolverlos pasa, entonces, por la necesidad inminente de superar dicho orden y establecer una nueva civilización centrada en el respeto a la naturaleza, el desarrollo de las verdaderas potencialidades humanas y la equidad y justicia social.
Economista.