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¡Meditaciones Patrióticas!


Nuestro concepto actual de patria (con o sin mayúscula), no es ya ni podrá ser la mera abstracción totémica de las primeras jornadas evolutivas de los primeros hombres agregados en comunidad de intereses y defensa. No es tampoco el "tabú" de las supersticiones localistas de ascendencia divina. Cuando más se extiende el dominio territorial del hombre sobre el planeta, su dominio y posesión del espacio espiritual, de momento y de clima, tiende también a extenderse más allá de las fronteras ya logradas. Pero el concepto ecuménico del amor al lugar de nacimiento, siendo como es la suprema noción de humanidad, no podría prevalecer en todos los espíritus al mismo tiempo y con igual virtud persuasiva, ni su razón de ser debe fundarse en simples teorías evolucionistas, de vanguardia: necesita la fuerza dinámica, del hecho, para llegar a la comprensión de lo que viene detrás.

La naturaleza (ya lo hemos señalado en ocasiones anteriores), que fue pródiga al derramar sus dones en toda la extensión del territorio patrio, necesita y requiere el apoyo de la labor humana como complemento indispensable y es, en esta tarea fructífera, donde los panameños tenemos el compromiso de demostrar nuestras energías, nuestros afanes, nuestro amor al suelo y la magnitud de nuestros propósitos patrióticos, desdoblando la riqueza, aprovechando los elementos naturales, practicando la justicia en condiciones de igualdad, es decir, trabajando con tesón y defendiendo nuestros derechos, para hacer de esta tierra bendita y de sus dones el hogar sereno de la felicidad.

Esta pequeña patria nuestra es igualmente grande, santa, abnegada y noble, cuando desde la beca estudiantil y la jubilación más tarde, hasta el reconocimiento sincero de sus auténticos valores humanos, se esfuerza en mantener, pese a las convulsiones y vaivenes políticos propios de nuestra democracia todavía incipiente. Entonces ¡hay que darle vivas!, agitar su gloriosa bandera, prenderse su escarapela y murmurar el responso mayor de su himno estremecedor. ¿Cómo no obedecer, con fe en los valores propios, a los toques de la trompeta de órdenes que nos está llamando a la contienda pacífica y proficua del estudio y el trabajo, a la sombra de esa bandera nacional que parece doblarse bajo el peso de su gloriosa tradición? Ni la política, en un sentido de partido; ni las ideologías, en un sentido de dogma; ni mucho menos los sentimientos y conveniencias privadas como expresión de los egoísmos individuales o de grupos, deben privar sobre lo que en la presente oportunidad, más que en ninguna otra, ha de entenderse por interés público. Se ha de hablar, discutir y proponer con la mente y el corazón fijos, en primer término, en el bien de la República, en el supremo interés de la patria, en la felicidad de la Nación panameña.