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Mejor hábitat, mejor vida

Por: Redacción 08/11/2015

El ser humano, como especie pensante, no solo está llamado a mimar y a cultivar su propio entorno, también a protegerlo, de manera que cuanto más mejoremos nuestro propio jardín, de igual modo nuestra ecología humana se optimizará. Es evidente, que a mayor aceptación y servicio a nuestro medio natural, para que las diversas especies puedan subsistir, acrecentaremos nuestra existencia. Por desgracia, de un tiempo a esta parte, todo parece estar en crisis.

Por mucho que hablemos de dignidades, lo cierto es que la persona humana ya no se siente como un valor esencial. Hoy se llora más por la pérdida de un móvil que por ver a un pobre sin techo. Naturalmente, necesitamos otro talante, o quizás otros talentos, o lo que es más de lo mismo, la implicación universal de todos para hacer más habitable humanamente el planeta.

En este sentido, pensamos que gracias a la decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas de establecer el Día Mundial de las Ciudades (31 de octubre), ahora tenemos una onomástica, cuando menos una vez al año, para recordar y celebrar una de las creaciones más formidables, y a la vez complejas de la humanidad. Esta conmemoración es uno de los legados de la Expo 2010 de Shanghai, cita en que la comunidad internacional estudió conceptos y mejores prácticas urbanas, lo que pone de relieve que el futuro de la humanidad es, en gran medida, un futuro de urbe o gran metrópoli. Por otra parte, el año próximo la comunidad internacional ha de reunirse para celebrar la tercera conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible, que nos hará bien para reflexionar sobre nuestro destino, al que hemos de hacer más habitable con una nueva agenda urbana transformadora.

...UNA CIVILIZACIÓN AVANZA EN LA MEDIDA QUE SE RESPETA MÁS, Y RESPETA A SU MEDIOAMBIENTE. TENEMOS QUE RECUPERAR NUESTRA EXCLUSIVA HUMANIDAD, MÁS ALLÁ DE LOS AVANCES DE LA CIENCIA Y LA TÉCNICA QUE TAMPOCO NOS VAN A HACER FELICES POR SI MISMOS...

Al abusar o hacer mal uso de los recursos naturales que se obtienen del medio rural, lo que hacemos es ponerlo en peligro hasta agotarlos. En casi todas las poblaciones, el aire y el agua están contaminándose, los bosques están desapareciendo, debido a los incendios y a la explotación descomunal y los animales van desapareciendo por el exceso de la caza y de la pesca. Sin duda, deberíamos escuchar más a las gentes del campo, tanto por su saber innato como por sus tradiciones, constituyen una fuente de inspiración para todo aquel que trabaje en favor de la transformación sostenible del medio rural.

Irremediablemente, el mundo rico ha contraído una gran deuda ecológica, de la que por cierto apenas se habla y mucho menos se abona, con su excesivo derroche de consumo y contaminantes, en detrimento de las zonas más pobres, que apenas han generado residuo alguno. Si en verdad nos considerásemos una auténtica comunidad pensante fraternizada, tendríamos otras reacciones frente a esa pasividad globalizada.

No podemos seguir albergando ciudades que son muros de soledad, en plena ebullición irrespirable, o pueblos que son paraísos despojados, en continuo afán destructor. El sometimiento de la corrupta y servil política ante las poderosas finanzas es tan real en los tiempos presentes, que muestra el fracaso de todas las convenciones y cumbres mundiales sobre el medioambiente, o sobre algo tan primario como la necesidad de contar con espacios públicos, bien diseñados, capaces de mejorar la cohesión entre ciudadanos.

Nos cueste más, nos cueste menos, debemos reencontrarnos unidos al planeta, con una mirada más poética que monetaria, con un pensamiento más níveo y menos corrupto, con una política menos partidista y más mundializada, con un programa educativo más de donación que productivo, con un estilo de vida más respetuoso y con una moral, sin límites, sobre todo lo demás. No olvidemos que una civilización avanza en la medida que se respeta más, y respeta a su medioambiente. Tenemos que recuperar nuestra exclusiva humanidad, más allá de los avances de la ciencia y la técnica que tampoco nos van a hacer felices por sí mismos, puesto que la placidez llega de la profundidad de la vida. No nos resignemos a lo que la vida nos haya dado, y mucho menos renunciemos a interrogarnos sobre el diario de nuestra existencia humana.

Las predicciones catastróficas son una realidad, aunque nos inventemos una mirada insensible. La alteración del medioambiente a causa de nuestra especifica altanería es un hecho, que impide esa alianza innata entre el hábitat y nosotros. No avivemos el caos, pues; sino la vida, con mejor hábitat para todos.

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Miércoles 29 de julio de 2026

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