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¡Méndez Pereira y su obra eterna!


Se ha dicho que las montañas culminan en picos y que los pueblos culminan en hombres. Aceptando esta afirmación, tenemos que reconocer que la cúspide de la panameñidad, en el marco histórico de nuestra educación republicana, la constituye Octavio Méndez Pereira. Creador de la Universidad de Panamá: fue su primer rector, ¡el mejor de todos! Fue nuestro maestro, nuestro inspirador, nuestro orientador. Se le considera, además, de “Maestro de la Juventud Panameña”, nuestro Apóstol. Él nos dejó señalados los fines y propósitos de nuestra nacionalidad. De ahí que la Universidad de Panamá y Méndez Pereira sean una cosa consustancial.

En el largo proceso que culminó con la creación de la Universidad de Panamá (1935), se llegó a crear el verdadero concepto de ser panameño. Se habla de la conciencia colectiva, que va más allá de los individuos y que crea vínculos de sentimientos, de pensamientos y de propósitos, que constituyen la esencia misma de la patria. Tal es el caso de su obra eterna: la Universidad de Panamá. Empero, ¿se podrá mantener ese estado de solidaridad colectiva que nos permita decir seguimos siendo panameños, pese a la profunda crisis que padece la Educación Nacional (desde el Kindergarten hasta la Universidad), hace décadas? ¡Hay que esforzarse hasta el límite para lograrlo!

Internamente, el peligro consiste en que pareciera establecerse en nuestra Universidad un régimen feudal, que es la negación de la esencia vital de la educación superior. Si queremos seguir siendo un pueblo con personalidad propia, y si queremos que nuestros hijos y nuestros nietos proyecten esa personalidad de un modo progresista en el presente y en el futuro, es preciso esforzarnos por mantener incólume el legado de Méndez Pereira y por trasmitirlo a las nuevas generaciones.

Méndez Pereira fue eminente por muchos conceptos. Fue hombre público, educador por dedicación fundamental. Su labor en la administración pública, estuvo caracterizada por su talento, sus deseos de servir a la patria y coadyuvar a su progreso cultural, científico, social y político. Fue Presidente de las Academias Panameñas de la Historia y de la Lengua, cargos que desempeñó con entusiasmo y humildad, y a cuyo servicio puso sus cualidades de estudioso intérprete de la historia patria y la defensa y fomento de nuestro idioma. Fue un sincero americanista.

Advertencia: si no mantenemos vivo el conocimiento y la emoción de Méndez Pereira, no podrá mantenerse viva la devoción a nuestra Universidad (que es la patria misma), en las presentes y futuras generaciones.