Mensaje apropiado
Hace unos días leímos un mensaje sesudo y equilibrado de Monseñor José Domingo Ulloa llamando a los panameños a retomar una actitud sincera y sencilla sobre los problemas que se han presentado en las últimas semanas. Un país no puede continuar con bochinches y dimes y diretes de los medios de comunicación porque no avanzamos en ningún programa que lleve a Panamá a un mejor futuro para sus ciudadanos.
No creo conveniente vivir pegados a mensajes que enviaba una Embajadora de Estados Unidos a su gobierno. Lo malo de esto es que el país está tan dividido, que una parte cree los de los opositores, otra parte cree en lo que dicen del gobierno y otros no creemos nada o poco.
Entre insultos de las partes, entre darle contra al gobierno, entre desacreditar a cualquier persona, llevaremos todo a un fracaso. No creo justo que la mayor parte de los medios de comunicación ataquen al gobierno y permitan que algunas figuras indeseables salgan de los medios. Monseñor Ulloa tiene la autoridad y la oportunidad de ser escuchado por los panameños; yo solo soy una voz que clama en el desierto.
Sin embargo, cumplo con mi deber ciudadano de opinar y creo que vamos por un camino poco apropiado, más bien cuesta abajo en el movimiento político, gremial, sindical, empresarial, dando pie para que la situación se debilite en cuanto al respeto cívico y moral entre nosotros mismos. Los valores deben estar por encima de críticas y desprestigio.
Esas noticias solo traen como consecuencia la división de los panameños, polarización que perjudica no solo al gobierno sino a la percepción que podamos tener de todos los grupos. Basta que el gobierno diga algo para que los civiles lo critiquen, a veces sin fundamento, por molestar y contrariar. Me recuerda a la época de 1968, lo que dio como consecuencia el golpe de estado militar.
No deseo situaciones parecidas para Panamá y no puedo predecir qué sucederá de continuar así. Pero hago un llamado a todos los panameños para que recojamos vela, dejemos las rencillas a un lado y busquemos la manera de entendernos y unirnos en torno a los intereses comunes y no personales. No me considero enemiga de nadie; pero tenemos que olvidar rencores y practicar la tolerancia para lograr paz y defender la democracia que tanto nos costó retomar. Seamos libres de hablar, pero con conciencia y respeto mutuo y verán cómo la paz volverá a reinar. Solo conviviendo en esa paz, Panamá volverá a ser la tacita de oro donde los panameños y extranjeros tengamos fe en el futuro para bien de todos.
Médico.
