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Mensaje subliminal…


Hay mas información sobre los cables diplomáticos que se filtraron de las embajadas estadounidenses que del intermediario que las publicó. Wikileaks es todo un misterio para las autoridades que aún no descifran su logística, financiamiento y representatividad. Se trata de una página web famosa por sus controvertidas publicaciones, de esas que aguan la boca a los periodistas. Julian Assange es físico matemático, fue haker y programador antes de asumir el cargo de director de Wikileaks. Hoy es uno de los hombres más buscados por la Interpol que lo busca por delitos sexuales. También huye de los servicios secretos estadounidenses que lo ubican en la lista de terroristas, un acto visto como una exageración para algunos.

Después de filtrar más de 300 mil cables que desnudaron la diplomacia y política norteamericana, y ante las constantes amenazas del Departamento de Estado de impedir que el resto salga a la luz, wikileaks parece haberles ganado el mandado enviando a 100 mil personas alrededor del mundo los mismos cables en forma encriptada para que no halla duda de su publicación.

Assange afirma que no recibe sueldo, se sostienen de donaciones y cuenta con mil voluntarios concentrados en revisar la información.

Independientemente del propósito que se haya tenido al publicar estos polémicos mensajes, se evidencia una cuestionada conducta del cuerpo diplomático estadounidense pues en ocasiones la información proporcionada cae en lo mas ridículo que se pueda entender en el marco de “inteligencia”.

En otras ocasiones retrata infidencias interesantes sobre temas especiales, revela verdades que evidencian una doble moral en la política norteamericana que podría aprovecharse para efectuar una profunda introspección sobre sus servicios de inteligencia penetrados hace tiempo por fuerzas externas, situación que ha generado desconfianza, rivalidades, y egoísmos que pueden desembocar en la decadencia de una de las primeras potencias del mundo, aunque en la diplomacia no cambie nada.