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Mentiras públicas, verdades privadas


No es lo mismo hablar en privado que formular declaraciones públicas.  Sin dudas, son asuntos  antagónicos. Opuestos.

La opinión de los políticos –sin distinción de partidos– ante la Embajada de Estados Unidos en Panamá dista mucho de lo que dicen frente a un micrófono o una cámara de televisión.

Así lo revelan los miles de cables diplomáticos que salieron a la luz pública gracias a la organización que lidera Julian Assange, Wikileaks.

Un buen ejemplo de ese doble discurso –público y privado– son las declaraciones que le dio el primer  contralor de la gestión de Martín Torrijos, Dani Kuzniecky, al antiguo embajador estadounidense en el Istmo William Eaton.

En diferentes encuentros privados con Eaton, Kuzniecky se quejó de la poca voluntad de Torrijos para combatir la corrupción. Incluso, detalló tres negocios poco claros que se desarrollaron en esa administración y la poca atención que le dispensaba el ex presidente cuando presentaba sus planes de trabajo.

Kuzniecky nunca imaginó que ese panorama sombrío de la gestión de su ex jefe, que trazó ante el ex embajador, iba a ser incluido en un cable diplomático y menos que, años después, iba a salir a la luz pública.

Igual situación se dio con tres diputados: Leandro Ávila, Rogelio Baruco y Freidi Torres.

El trío despotricó contra el ex jefe de Estado con la seguridad de que sus palabras no saldrían de  las cuatro paredes de la sede diplomática en Clayton.

“Prepotente, arrogante, presumido y abusivo”, fueron las palabras que utilizaron en privado Baruco, Torres y Ávila para definir la relación de Torrijos con la Asamblea Nacional durante sus años de gobierno.

Palabras destinadas a no conocerse nunca, pero que sí salieron. Al igual que salieron las de otras personas de la actual gestión de Ricardo Martinelli.Wikileaks dejó a todos en evidencia.

Malo para ellos, bueno para la gente.