Mercado del Marisco
En Panamá no es problema construir obras, el problema radica en mantenerlas tan impecables como el primer día. Construido con una donación del Gobierno de Japón, el Mercado del Marisco, localizado al final de la Avenida Balboa, reúne cada día a un público numeroso, pero sus condiciones higiénicas distan mucho de lo que debía ser un centro de cuyos productos depende la salud misma de los consumidores. Sucede que las garantías de higiene comienzan con la manipulación del producto, luego la presentación y, sobre todo, la preservación. ¿Quién vigila este proceso? ¿A quién le corresponde? Temas como la seguridad pública y la de la salud requieren de vigilancia permanente, y nada casual resulta encontrarse en el Mercado del Marisco con un producto no tan fresco como lo reclama su consumo. Es posible que los expendedores hagan todo el esfuerzo por presentar un producto de calidad, pero desde el olor que expide el lugar, las moscas danzando sobre peces y mariscos, hasta el agua fétida que anega el piso del establecimiento riñen con esa posibilidad. Sería recomendable que el Ministerio de Salud, la Alcaldía y los expendedores se pusieran de acuerdo y estudiaran la posibilidad de mejorar el servicio. El que sea marisco no significa que el olor penetrante que expelen deba predominar en el ambiente. La manipulación y las condiciones de refrigeración pueden someter esa deficiencia. Ojalá lo tomen en consideración. Seguramente la clientela se incrementaría.
