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¡Merecido homenaje a la mujer panameña!

Por: Redacción 09/03/2015

Ayer, 8 de marzo, el mundo civilizado celebró el Día Internacional de la Mujer, en obediencia a un mandato de reconocimiento por la Organización de las Naciones Unidas. ¡Qué gesto más noble, hermoso y humano el del organismo mundial! En virtud de tan significativo acontecimiento, no podemos menos que reconocer que la mujer es merecedora de todas las formas de respeto. Ha sido creada para la abnegación, el sacrificio y el venturoso ministerio de la maternidad y, además, posee una delicadeza, una ternura, una sensibilidad y un estoicismo que imponen el deber de tratarlas con consideración, con bondad y con fineza.

Por ley natural y por instinto, amamos y respetamos a nuestra propia madre y tenemos singular afecto para nuestras hermanas y nuestras hijas. Pensemos que en cada mujer hay una hermana, una hija y una madre en función de tal o en potencia y que, por consiguiente, todas son dignas del mismo trato reverencial que aquellas mujeres vinculadas a nuestra sangre y a nuestro hogar. La mujer pone una nota de paz, de serenidad y de armonía en nuestra sociedad.

En cuanto a la mujer panameña concierne, esta se ha distinguido durante años, predominado en los afanes de la docencia, en todos sus niveles de enseñanza: desde kindergarten hasta la universidad. En la empresa privada (comercial, industrial y de administración) y en el ejercicio del periodismo, la publicidad y las relaciones públicas, acusa un importante liderazgo. En los sectores marginales de nuestra población, también se destaca la mujer panameña. Nadie duda de cómo desempeña su papel doméstico y en muchos casos de “padre y madre” a la vez, especialmente en aquellos sectores más pobres y apartados de la geografía nacional.

El ejemplo de la mujer panameña, en la vida pública y privada, merece el reconocimiento más sentido, más profundo y permanente de toda la nación. De ese reconocimiento, no puede excluirse a los niños ni a los jóvenes ni a los adultos ni a los ancianos. Todos, sin excepción alguna, debemos ese reconocimiento y homenaje permanente a la mujer panameña. Seamos, pues, consecuentes con lo noble y lo bello del aforismo “honrar honra”.

Además de tener asignada una función trascendental en la vida social: esposa, madre, hija, hermana, novia, amiga, compañera de trabajo, etc., siempre deberá ser la voz alentadora, la caricia balsámica, la mediadora cordial y el impulso colaborador y desinteresado que haga más feliz y armoniosa la vida de relación social. En la vida pública, como en la privada, la mujer panameña ha descollado con lucidez y ha llegado a ocupar posiciones ejecutivas del más alto nivel: presidenta de la República, ministra de Estado, magistrada de la Corte Suprema de Justicia, procuradora general de la nación, embajadora, diputada, rectora de Universidad, gerente y directora general de entidades autónomas y semiautónomas del Estado y de empresas privadas, alcaldesa, gobernadora, concejal, corregidora, representante de corregimiento y otros cargos no menos importantes de la vida pública.

En el campo político, la mujer panameña viene desempeñando un rol extraordinario. Figura en los cuadros directivos de muchos partidos políticos; se moviliza con denuedo en el reclutamiento de adherentes para sus respectivas organizaciones políticas; clasifica con excelencia en sus aspiraciones como candidata a puestos de elección popular. Puede que alguna actitud en su desempeño profesional o político haya merecido crítica total o parcial. Sin embargo, la dimensión de su actuación a nivel nacional no disminuye ni puede desestimarse por ese motivo. La presencia de la mujer panameña, en todos y cada uno de los estamentos de la sociedad, tiene una valoración muy especial en cuanto recurso humano, en su formación y su contribución al crecimiento y desarrollo del país.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, reiteramos nuestro saludo, veneración y reconocimiento a todas las mujeres del planeta y, particularmente, a la mujer panameña, por todas sus virtudes y por todo lo que representa en nuestra sociedad. Celosa de su honra y guardiana del indeclinable pudor, lo que, igualmente, le obliga a probar en todo momento el derecho a merecer ese tratamiento reverencial.

¡Salud, amor y éxito, mujer panameña!

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Viernes 31 de julio de 2026

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