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Mes del carrusel melancólico

Por: Redacción 20/11/2013

Víctor Corcoba /Escritor (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Noviembre es el mes del carrusel melancólico de abecedarios. Después de haber vivido nos quedan los recuerdos y poco más. Personas centradas en la lógica de la fe cristiana, como Santa Teresa, nos legaron la mejor receta para sentirnos albor, más allá de la vida, al rubricar: "vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero". Ella vive fuera de sí, y tiene el valor de fiarse (y de confiarse) a la luz del Creador, que todo lo vence, hasta la propia sombra de la muerte. También otros ciudadanos, de corrientes distintas, han buscado en la muerte un reposo absoluto, o el de otorgarle la importancia precisa en la medida en que nos hace despertar sobre el valor de nuestra existencia, o suscribir un signo de igualdad ("diferentes en la vida, los hombres son semejantes en la muerte". Lao-Tsé, filósofo chino).

Con el recuerdo a los progenitores se inicia el mes de los muertos y el de los santos, que lo son en nosotros. Un tiempo que, en buena parte del planeta, sabe a peregrinación espiritual, a reencuentro con la eternidad; a concurrencia de gozos y esperanzas, de angustias y dolores. Es tiempo de evocaciones, pero también es el momento de alzar la voz por los que aún sobreviven en continuo terror. A quienes se nos fueron un día, digámosles que nunca los olvidaremos, pero a los que están con nosotros malviviendo, digámosles también que cuentan con nuestro apoyo, que forman parte de nuestra vida y que estamos para ayudarles.

En el mundo cristiano, noviembre es el tiempo del pensamiento de los santos, y del pensamiento hacia los que un día nos dejaron. Conviene vivir considerando que se ha de morir más pronto que tarde, que todos dependemos de todos y que estamos enraizados en la muerte, porque antes hubo vida. Dicho esto, -como diría Pío Baroja- no hay más muertos que los llevados por los vivos.

Recordemos hoy y por siempre, tantos finales de la vida terrenal que se podían haber evitado, que fueron a destiempo y muy dolorosos, hazañas crueles que nos retornan al tiempo de las cavernas. Está visto que la vida inhumana, o deshumanizada, a veces es más horrible que la propia muerte. Hay tantas muertes anticipadas y prematuras, que sería saludable para la propia especie humana invertir más en los seres humanos, en promover su autonomía, su seguridad, su hábitat. Lo espantoso es que sigamos soportando crueldades, y hasta negocios con la propia muerte. Son tantas las barbaries que, en ocasiones, es más terrible temer al momento del tránsito que morir.

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Miércoles 12 de agosto de 2026