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Metrobús


REDACCION / PANAMA AMERICA

La improvisación de los directivos de metrobús y la abulia de la ATTT han llevado el transporte público a una crisis de repercusión múltiple en el plano laboral y empresarial que afecta la economía y el equilibrio psicológico de los usuarios. La empresa no ha dado la talla en la implementación de un servicio en el que casi todo está en su favor: el monopolio de un mercado cautivo y el financiamiento adelantado mediante tarjetas prepago.

El presidente Martinelli resumió que se trata de un monopolio y a la vez un mal servicio. El contrato con el Estado previó que, si la cantidad de unidades rodantes no satisfacía la demanda, la empresa tenía la opción de subcontratar un número complementario de buses.

Pero la estrategia de planificación no es el fuerte de metrobús. No calculó que la demanda supera la oferta; no negoció la posibilidad de la subcontratación de más buses en un lapso prudencial; no calculó adecuadamente el vacío dejado por los “diablos rojos” y la perentoria necesidad de llenarlo con más buses; no ha construido el número requerido de paradas y, a última hora, efectúa la redistribución para evitar la concentración excesiva de los usuarios en la 5 de Mayo.

La sucesión de los errores obliga a que las autoridades estén encima de la empresa para exigir severamente el cumplimiento puntual de las cláusulas del contrato, y así pongan término a la política de indiferencia ante la ineficiencia de la empresa. Contribuyeron a crear el caldo de cultivo de la crisis del servicio que el Gobierno carga sobre su espalda, pero que está encarando con realismo.

El presidente Martinelli ha dado un ultimátum a Mi Bus para que resuelva las contradicciones del servicio en breve plazo. Sin embargo, es menester que también se incluyan los actores de la empresa privada, cuya productividad es menoscabada por la impuntualidad forzada de los empleados.

Podría reestructurarse el horario de apertura de las tiendas comerciales y de otros centros de trabajo. Asimismo, las escuelas públicas y privadas podrían modificar los horarios de clases matutinas y vespertinas, evitando que los buses colegiales tropiecen con los tranques, o contribuyan a su intensificación, al coincidir con el horario del transporte público. Hay, pues, una variada casuística de las causas de los tranques, que pueden mejorarse si todos ponemos un granito de arena.

Las quejas de los usuarios son asistidas por la comprobación de sus frustraciones cotidianas en la espera de buses que aparecen mañana, tarde o nunca. Capítulo aparte constituye la venta y recarga de las tarjetas prepago. Las tiendas de expendio de tarjetas deben atender al público que sale de sus hogares en horas de la madrugada, al igual que los locales de recarga.

Las tarjetas prepago se han instituido para acelerar la dinámica del servicio, antes entorpecido por el pago “cash” a los choferes, desdoblados en pilotos y cobradores. Sin embargo, podría examinarse la dualidad del pago por tarjetas o monedas. Con una dosis positiva de buena voluntad, pueden surgir iniciativas para mejorar la cadena del servicio de buses, exceptuando a los opositores políticos que pescan a río revuelto para inculpar al Gobierno de cualquier problema.

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Viernes 14 de agosto de 2026